Buscando el Día de la Responsabilidad de la Prensa

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Eva Jiménez es periodista y doctora en Comunicación especializada en Ética periodística.

El 3 de marzo se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Se celebra, por decir algo, porque lo cierto es que todavía existen muchísimos obstáculos para poder ejercer el periodismo de manera independiente.

La UNESCO nos recuerda la importancia de la independencia de los medios de comunicación para el buen funcionamiento de la sociedad: “Los periodistas independientes y profesionales, junto con un poder judicial independiente, desempeñan un papel fundamental en la prevención de la toma del poder estatal con fines privados. Cuando se protege a estos grupos, pueden ayudar a velar por la rendición de cuentas de los titulares del poder y de los deberes en lo que respecta a la protección de los derechos humanos y al progreso para alcanzar el desarrollo sostenible”.

Viejos y nuevos desafíos

Tradicionalmente, continúa la UNESCO, la libertad de prensa se ha visto amenazada por “controles políticos y económicos impuestos a las entidades mediáticas. Se hacía a través de la propiedad estatal de los medios de comunicación, así como a través de los magnates de los medios, los monopolios mediáticos, las interferencias de los anunciantes y la manipulación de las relaciones públicas”.

A estos desafíos, todavía vigentes, se han sumado otros más nuevos y sofisticados. La organización internacional menciona cómo las grandes plataformas de internet aplican modelos de negocio que promueven la desinformación y el odio, ha aumentado la hostilidad hacia canales y reporteros individuales, sobre todo hacia las mujeres periodistas y artistas.

La organización Reporteros Sin Fronteras (RSF), por su parte, explica en su último informe sobre la libertad de prensa que “la próxima década será decisiva para el futuro del periodismo. La pandemia del COVID-19 resalta y amplifica las múltiples crisis que amenazan el derecho a una información libre, independiente, plural y fidedigna”.  Entre esas crisis, menciona “la geopolítica (agresividad de los modelos autoritarios), tecnológica (falta de garantías), democrática (polarización, políticas de represión), de confianza (desapego e incluso odio hacia los medios de comunicación) y económica (empobrecimiento del periodismo de calidad)».

En el caso de España, que ocupa el puesto número 29 de la Clasificación Mundial 2020, RSF destaca la “cruzada” de VOX contra los medios y periodistas, el ambiente de polarización política en Catalunya y el “encarnizamiento judicial” que sufren los periodistas de investigación.

Más cerca todavía, la mayoría de las organizaciones sindicales y periodísticas de Catalunya ha lanzado un manifiesto Contra el confinament del dret a la informació de la ciutadania donde ponen el acento en la estrecha relación existente entre precariedad y falta de libertad, con especial atención a los más débiles, como los autónomos y las mujeres: “Hem sentit com els líders polítics han defensat la informació com una de les coses més essencials per ajudar en la lluita contra la pandèmia. Si aquesta és una afirmació sincera, calen mesures que ho demostrin i cal que es donin a les empreses del sector les ajudes necessàries perquè no hagin d’enviar el seu personal a l’atur”.

¿Y la responsabilidad de la prensa, para cuándo?

Sin duda, hay que analizar muy bien de dónde provienen realmente dichos desafíos y mantenernos unidos para poder superarlos. Ahora bien, ¿cuándo se establecerá un Día Internacional de la Responsabilidad de la Prensa? ¿Cuándo se defenderá con el mismo ahínco el ejercicio responsable del derecho a la información?

Se habla hasta la saciedad de la crisis de los medios de comunicación y del periodismo, de la falta de credibilidad y pérdida de confianza en sus profesionales, pero todavía sigue siendo más fácil y cómodo culpar al otro antes que asumir las propias responsabilidades.

El desafío es enorme, tanto o más que garantizar la libertad, puesto que el periodismo es hijo de la modernidad y, por tanto, su ADN primigenio es reacio a cualquier tipo de control externo. Más si se han experimentado en primera persona los rigores de posteriores dictaduras.

Vale, de acuerdo, no entremos en la polémica de la regulación legal. Ni siquiera en la autorregulación profesional, imposible entre organizaciones-chiringuito que son incapaces de unirse ni siquiera para defender la propia libertad. ¿Qué hay del control interno, de la ética personal?

Ah, sí, siempre nos queda la educación, la alfabetización mediática, la alfabetización periodística, como ya apuntan algunos desde hace tiempo. ¿Dónde están las organizaciones periodísticas ante este reto? ¿O es que, como sospecha la ciudadanía, solo pensamos en lo nuestro? ¿Quién se atreve a criticar al compañero/a que actúa incorrectamente, a pesar de que no sólo se daña a sí mismo y a su medio, sino que tira por los suelos la reputación de toda una profesión?

Hace tiempo que la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España y la Fundació del Consell de la Informació de Catalunya no despegan, porque los medios de comunicación no apuestan por ellas. Ni en tiempos de bonanza ni en tiempos de crisis económica, no nos engañemos.

Es muy fácil pedir a los profesores y a las universidades que formen mejor a los estudiantes, cuando todos sabemos que, en caso de contradicción entre lo que se dice en clase y en la empresa, el recién graduado se decantará por lo segundo -con perdón de los valientes-. Y es muy cómodo pedirle responsabilidades a la ciudadanía a la hora de utilizar las nuevas plataformas mediáticas y herramientas. Alguien debe de tener las manos completamente desgastadas de tanto frotárselas al vernos desunidos y revueltos.

Si las personas adultas abandonáramos el rol de víctimas y asumiéramos la responsabilidad de lo que nos rodea, todo iría muchísimo mejor, sin ninguna duda. Termino con unas palabras de Jostein Gaardner, el escritor noruego que invita a los jóvenes y no tan jóvenes a pensar y comprometerse con el mundo a través de obras como El mundo de Sofía, pronunciadas en 2004 en una conferencia titulada Derechos (y obligaciones) humanas:

“La pregunta que se nos plantea a principios de un nuevo milenio es cuánto tiempo seremos capaces de seguir hablando de los derechos humanos sin tener en cuenta a la vez las obligaciones de los individuos. Tal vez necesitemos una nueva declaración universal. Tal vez haya llegado el momento de hacer una Declaración Universal de las Obligaciones Humanas”.

2 Comentarios

  1. ¡Bravo, bravo, Eva! Cuánto análisis y pensamiento en tu artículo. Es el pensamiento de un desengaño del «periodismo» actual en prensa escrita, hablada, radiada y visual. Va dirigido al corazón del periodismo y, por qué no, a la sociedad que en vez de avanzar en la verdad de la información, desgraciadamente, cada vez va ganando adeptos al pensamiento de la ultraderecha (no quiero escribir su nombre real porque no la soporto). ¿Cómo es posible que esta sociedad, a nivel mundial, unas más que otras, no sea capaz de discernir las ideologías? ¿No notáis el mensaje entre una sociedad demócrata y otra dictatorial y falta de humanidad en lo que se dice y escribe cada una? No deberíamos permitir que los medios de comunicación, en general, sobrevivan los que manipulan la verdad de los hechos pero tienen medios económicos que los patrocinan, y permitamos que los, cada vez menos, intentan decir la verdad, dentro de sus posibilidades, se ven arrojadas al abandono porque son unos medios que molestan al poder. La única solución está en que la sociedad que quiera leer verdad debería apoyar a estos medios con suscripciones, cada uno dentro de sus posibilidades, como ocurre con diarios, para mí, en esta línea, eldiario.es y Público. esto es lo único que puede salvar la profesión de periodista para no caer en el lado «¿correcto?». Os pido que no perdáis vuestra ilusión y proponer esta solución. Necesitamos este tipo de periodismo para la democracia. ¡Gracias!

    • Hola, Francesc:
      Muchas gracias por tus palabras.
      Me alegra mucho que tu desengaño con ciertos medios y periodistas no te impida apoyar a aquellos en que sí confías.
      Ojalá todo el mundo hiciera ese discernimiento, esa distinción, sin caer en los extremos: la credulidad o la desconfianza absolutas.
      Te agradecemos los ánimos y pensaremos mucho en lo que nos propones para la Estrella.
      Un cordial saludo y gracias por tus ricas aportaciones.
      Eva

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