Lo que nos viene encima

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Xavier Velasco té 27 anys i viu al barri del centre de L’Hospitalet. Fa quatre anys que realitza treballs de cooperació internacional a Moçambic. També he estat a camps de refugiats a Grècia durant la guerra de Síria. Actualment és aspirant a mosso d’esquadra a l’Institut de Seguretat Pública de Catalunya.

Hemos oído durante la toda la cuarentena que el enemigo estaba ahí fuera, que aunque no pudiéramos verlo este virus lo parábamos unidos y que éramos héroes si nos quedábamos en casa. Y la realidad es que ni somos soldados ni estamos en guerra.

Es fácil pensar que lo más parecido a algo como esto fue la crisis del ébola en África, pero que en ese caso se supo actuar a tiempo para que no nos tocara tan de cerca. No nos engañemos, nuestra única aportación a todo aquello fue sacrificar a un perro.

En Sierra Leona se pedía a los pacientes más fuertes que ayudasen a los más débiles, ya que por culpa de los trajes los trabajadores sanitarios solo podían pasar unos 45 minutos en la zona de riesgo. Así que el que ya reía debía ofrecer agua al que estaba débil o el que estaba mejorando debía ayudar a sentarse al que no se podía ni levantar de la cama. De esta manera, todos, sanos y enfermos, conscientes o no de ello, estaban metidos de lleno. Allí, quien superaba la enfermedad estampaba su mano con pintura en el muro de los supervivientes. Por la cara de alguno de ellos, no se sabe si era una actividad más terapéutica para los supervivientes o para todos los demás, que necesitaban motivos para seguir creyendo en la vida.

En Liberia, durante muchos días se escucharon decenas de predicciones de epidemiólogos, médicos, personal sanitario, gente de la calle. Muchos se equivocaron, pero alguno más o menos acertó. Es normal equivocarse en un contexto así. Cuatro años después del fin de la epidemia en Liberia, si se pregunta a expertos o ciudadanos qué hizo que los contagios se redujeran, darían respuestas diferentes.

En una epidemia, nunca se sabe nada, solo que, como en todas las crisis, los que salen perdiendo son los que menos tienen. En Chicago los afroamericanos representan el 30% de la población total, pero sufren el 70% de los fallecimientos por el coronavirus.

Se calcula que el COVID-19 amenaza con llevar a la pobreza a 29 millones de personas solo en América Latina y hoy mismo en Nigeria se pueden ver los primeros puestos callejeros de lavado de manos a falta de algo que poder vender. En muchos países, si no vendes algo hoy, no comes mañana.

Lo que nos viene encima no es mejor que lo que ya hemos pasado. Todavía nos quedan dos curvas más por vivir. La siguiente es la de todas esas personas que han tenido que parar su tratamiento por culpa del colapso en la sanidad. Pacientes oncológicos, personas con enfermedades crónicas: si el sistema sanitario está no funciona con normalidad, no puede atenderlos. Y la tercera es la de todos aquellos que por culpa de la situación actual, no han acudido al médico cuando necesitaban hacerlo, aplazando así el diagnóstico y reduciendo sus posibilidades de curarse de algo que todavía ni saben que tienen. Así pues, quienes no contraen el virus también sufren también la pandemia.

Se gastarán miles de millones de euros en publicidad, mensajes, y contenido de televisión y redes sociales para que te sientas cómodo nuevamente. En verdad, todos queremos ese sentimiento de normalidad. Queremos desesperadamente sentirnos bien de nuevo, volver a las rutinas de la vida, no acostarnos en la cama por la noche preguntándonos cómo vamos a pagar el alquiler y poder sentarnos en cualquier terraza a tomarte lo que te dé la gana sin buscar la sombra. La necesidad de comodidad será real y será fuerte. Y cada marca vendrá a tu rescate, para ayudar a eliminar esa oscuridad y devolver la vida a la forma en que estaba antes de la crisis.

Solo os pido una cosa: respirad hondo, ignorad el ruido y pensad profundamente en lo que queréis volver a poner en vuestras vidas. Esta es nuestra oportunidad de definir una nueva versión de lo normal, una oportunidad rara para deshacernos de la mierda y solo traer de vuelta lo que funciona para nosotros, lo que enriquece nuestras vidas.

Podemos hacerlo a escala personal en nuestras casas, en cómo elegimos pasar el tiempo de nuestra familia, qué vemos, qué escuchamos, qué comemos, y en qué elegimos gastar nuestro dinero y dónde. Podemos hacerlo localmente en nuestras comunidades, en qué organizaciones apoyamos, qué verdades contamos y a qué eventos asistimos. Y podemos hacerlo a nivel nacional en nuestro gobierno, en qué líderes votamos y a quién le damos poder. Si queremos un aire más limpio, podemos lograrlo. Si queremos proteger a nuestros médicos y enfermeras del próximo virus, podemos hacerlo realidad. Si queremos que nuestros vecinos y amigos obtengan un salario digno, podemos hacer que eso suceda. Si queremos que millones de niños puedan comer si de repente su escuela está cerrada, podemos hacer que eso suceda. Y sí, si solo queremos vivir una vida más simple, también podemos hacer que eso suceda.

Esta es nuestra oportunidad.

1 Comentario

  1. Buen análisis. Ojalá la población aprendamos en nosotros mismos esta oportunidad, como dice Xavier. Somos, de verdad, los únicos que lo podemos conseguir. Gracias.

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