La noche de los paraguas rotos

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Más de un centenar de árboles cayeron por el viento de Gloria en la ciudad / Foto cedida por un vecino a L'Estrella

Semana caracterizada por el temporal Gloria, que ha arrasado medio levante español, con especial virulencia en Cataluña, donde ha dejado estampas nunca vistas y que serán difíciles de olvidar, como el Delta del Ebro engullido por el mar.

En L’Hospitalet, una ciudad con tendencia histórica a las inundaciones, los desperfectos no han sido tan aparatosos, más allá de mobiliario dañado, árboles caídos -140 en total, informa LH Digital, que tendrán que ser replantados por el Ayuntamiento- y centenares de paraguas que han dado su vida por intentar cubrirnos de la lluvia y viento que han azotado la ciudad durante media semana. Sin embargo, cabe destacar los incidentes en la escuela Busquet i Punset, donde cayeron varios plafones internos que obligaron a suspender las clases un par de días. Ahora, el consistorio ha pedido a la Generalitat que se haga cargo de la reforma integral del centro, tras las reparaciones puntuales para poder proseguir con las clases que llevaron a cabo los servicios municipales esta semana. Este edificio, construido en los años 70 del siglo pasado, es otra víctima de los efectos de la crisis, que paralizaron varias obras previstas en centros de la ciudad, entre ellas las de reforma de la Busquets i Punset.

Un árbol caído en Can Serra / Foto cedida por un vecino a L’Estrella

Otro de los efectos que tuvo el temporal fueron los apagones. Miles de vecinos en toda Cataluña se quedaron -alguno sigue aún sin electricidad- a oscuras durante la tormenta, después de incidencias varias relacionadas con caídas de torres de alta tensión y otro tipo de averías. En L’Hospitalet fue especialmente duro en el barrio de La Florida. La asociación de vecinos del barrio ha ido informando a lo largo de la semana que algunos vecinos llegaron a estar dos días sin suministro eléctrico. La alegría tras el retorno de la luz fue efímera, puesto que pocas horas después al parecer volvió a caer la red.

Los vecinos reclaman una solución al Ayuntamiento y a Endesa para evitar, más allá de las incidencias que puedan provocar sucesivos temporales, los cortes de luz que aquejan al barrio, sobre todo en invierno.

A la cola en reciclaje

La tormenta, además de paraguas y árboles, dejó diseminados muchos residuos que salieron volando de papeleras y contenedores. Algunos de ellos, seguramente, del que no tocaba. Y es que, según datos de la Agència Catalana del Reciclatge recogidos por LH Digital, L’Hospitalet es la tercera ciudad metropolitana que menos recicla. De hecho, en 2018 no se recicló ni una cuarta parte de la basura que generamos: el 24%, para ser exactos.

Por comparar, la media metropolitana está en el 36%, mientras que la cifra adecuada sería llegar al menos al 50%, tal y como ha fijado la Unió Europea para este año 2020.

El culebrón Mobike

Uno de los temas que se arrastran desde hace tiempo en la ciudad es el de las bicicletas de Mobike. Meses después del anuncio de la incorporación de un nuevo candado a las bicicletas, para evitar así el incivismo de los usuarios, la situación no ha cambiado sustancialmente y los vecinos tienen que seguir sufriendo las consecuencias de tener que sortear las múltiples bicicletas diseminadas por los más insospechados rincones. Así lo pone de manifiesto la entidad Sumem, que denuncia lo que considera «uso privado con ánimo de lucro» en los anclajes para bicicletas que hay en la ciudad, la solución pregonada por la empresa y el Ayuntamiento.

El teniente de alcalde de Convivencia y Seguridad, José Castro, hizo un buen balance de la prueba piloto de Mobike en la ciudad, que finaliza el 31 de marzo, tras lo cual se abrirá concurso público para adjudicar el servicio. Así lo explicó en una entrevista en la televisión municipal, donde aseguró que «algo se habrá hecho bien» cuando el servicio cuenta con 22.000 abonados en la ciudad. Además, Castro aseguró que se urge a la empresa para que retire las bicicletas que no estén encadenadas -objeto de críticas de las entidades, que han demostrado que en ocasiones se tarda más de 2 horas en recogerlas- y cargar un extra al usuario que aparque mal el vehículo.

Problemáticas que se vienen arrastrando de lejos y que se convierten en auténticos culebrones que dan la impresión de que el tiempo se detiene. Y da fe de ello el reloj de Santa Eulàlia de Mèrida, en la plaza del Ayuntamiento, averiado desde hace días y sin visos de solución.

La fotografía fue tomada a las tres y diez de la tarde del domingo 26 de enero / L’Estrella

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