Saramago, referente de intelectual comprometido en tiempos de ‘influencers’ líquidos

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La presentación del libro 'La revolución de la conciencia' se celebró el 18 de enero en la biblioteca Tecla Sala. / Estrella LH

Este año se cumplirán diez años del fallecimiento de José Saramago, escritor portugués galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1998. Y en un par de años se celebrará el centenario de su nacimiento. Con el fin de recordarnos estas efemérides y sobre todo su figura, se está presentando en l’Hospitalet y otras ciudades un libro homenaje realizado por el doctor en Psicología Joan Morales titulado La revolución de la conciencia.

En la presentación que se realizó en la biblioteca Tecla Sala el pasado sábado y donde se puede tomar prestada la obra, se recordó la figura del revolucionario Saramago, en el mejor sentido de la palabra.

Al primero al que le revolucionó la existencia fue al autor de la obra, quien reconoció desde el primer momento que la literatura de Saramago le cambió la vida. Morales explicó que el Nobel portugués se hacía y le hace al lector “preguntas irresolubles”, de esas que abren la Caja de Pandora y le dejan a uno expuesto a la intemperie de la vida. Después, al finalizar la charla, ahondó en la huella de Saramago en su persona, al mostrar la foto, recogida en la obra, en la que el escritor lusitano le hacía entrega de un diploma: “Ese título me hace más ilusión que el doctorado”.

Ciudadano comprometido y coherente antes que escritor

Uno de los rasgos más destacados durante la presentación del libro fue su coherencia. Saramago era un escritor, un ensayista, un filósofo, pero también “un activista comprometido con las causas perdidas”. Más todavía, “antes que escritor, era ciudadano”, sentenció Morales durante la presentación.

El filólogo Jordi Sardà, también presente en el acto moderado por el periodista Antonio Prat, recordó que Saramago siempre fue militante del Partido Comunista portugués, que se caracterizaba, según explicó, por mantener una línea marxista leninista “dura”. Todo ello en un momento en que, añadió más tarde, no estaba del todo bien visto que los intelectuales mantuvieran un compromiso ideológico tan marcado.

Es más, el compromiso de Saramago con la verdad y la justicia era tan fuerte que estuvo a punto de rechazar el Premio Nobel, pero finalmente lo aceptó para convertirse en “el altavoz de los que no tienen voz”, apuntó Morales.

Una economía necesitada de ética

Saramago también tenía muy claro que, o cambiamos de hábitos, o nuestra sociedad se encamina hacia el abismo. Su visión de la importancia de conciliar lo viejo con lo nuevo se puede apreciar en su obra La caverna, pero también en su visita a la Universitat Autònoma de Barcelona. Allí alabó la innovación del centro académico, pero también que contara con un pastor para cuidar de unas ovejas.

Esta anécdota llevó a Morales a cuestionar el axioma que asegura que es imposible poner límites a la economía, y de los peligros de convertir al alumnado en cliente. Y recordó una frase de Saramago que cuestiona el papel actual de la universidad, tachándola de “fábrica de ignorantes”.

En definitiva, la conversación mantenida entre los presentes concluyó en la dificultad de encontrar hoy referentes como José Saramago, donde se equilibra la escritura con el compromiso público, en parte por los “medios de comunicación plagados de intereses”. Y plataformas y redes sociales, si se me permite la intromisión.

Con el fin de no perder su legado y su espíritu, Sardà anunció la puesta en marcha de un club de lectura y activismo social a partir de la obra de Saramago, así como un congreso internacional de cara al centenario de su nacimiento.

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