L’Hospitalet va deprisa, deprisa

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Juan Carlos Valero és periodista i professor de Periodisme. Fundador de BCN Content Factory i editor executiu de El LLobregat

A la alcaldesa Núria Marín se le llenaba la boca de que l’Hospitalet no necesitaba pertenecer a ninguna comarca mucho antes de que en 2018 se suprimiera definitivamente el moribundo Consell Comarcal del Barcelonès, un ente totalmente artificial creado en 1988 y que agrupaba inicialmente a 5 municipios (Barcelona, Badalona, Sant Adrià de Besòs, Santa Coloma de Gramanet y l’Hospitalet de Llobregat). Marín siempre argumenta que “podemos ser una ciudad-comarca ya que tenemos más población e importancia que muchas comarcas catalanas”.

La vecina ciudad de Esplugues de Llobregat también fue incluida en el Barcelonés, pero optó en su día por renunciar e incluirse en la comarca del Baix Llobregat. No en vano, la mayoría de las poblaciones ribereñas del delta del Llobregat, como lo es l’Hospitalet, mantienen un apellido común en su topónimo, lo que sitúa a sus habitantes como parientes, aunque ya se sabe que para ser una familia hace falta amor. Unos parientes que comparten mayoritariamente orígenes y similares niveles socioeconómicos, además de vivir al sur del área metropolitana barcelonesa, el área de servicios de Cataluña al concentrarse las principales infraestructuras económicas. Un territorio que ha avanzado a pasos de gigante en los últimos 40 años de democracia local, tanto en urbanismo como en servicios, hasta el punto de abandonar la imagen periférica que antaño proyectaba.

Parientes, pero no familia

Sin embargo, aun siendo iguales que nuestros parientes en tantas cosas, Núria Marín y su equipo de gobierno suele mirar por encima del hombro a sus vecinos del Baix Llobregat en la falsa creencia de que así tutea a Barcelona, sin reparar en el hecho de que los capitalinos siguen considerando a nuestra ciudad poco menos que territorio comanche. Frente a esa actitud de superioridad de los barceloneses y de la autocomplacencia de los gobernantes de l’Hospitalet, la comarca ribereña del Baix más que triplica de forma conjunta el peso demográfico y de PIB que tiene en solitario l’Hospitalet. Si nuestra ciudad, que es la rótula entre Barcelona capital y el Baix Llobregat, se uniera a la comarca del Baix, se alcanzaría una población de 1,1 millones de almas con un peso conjunto en el PIB catalán del 13%, cuando l’Hospitalet genera alrededor del 3% de la riqueza y tiene 261.068 habitantes.

Los gobernantes de la gran mayoría de ciudades del Baix también son parientes, aunque no familia, de las autoridades hospitalenses, dado que pertenecen al mismo partido, el PSC. Un parentesco político que no siempre supone facilidades, aunque Núria Marín se haya convertido en la presidenta del partido. Los socialistas del Baix se han caracterizado históricamente por mantener una voz conjunta y sus dirigentes lo han sido también del partido. No en vano, el territorio Llobregat es su principal granero de votos. El principal escollo para la unión llobregatina estriba en los equilibrios en la lucha de poder. Parientes en rivalidad patrimonial. En respuesta a la orfandad territorial de l’Hospitalet, la alcaldesa recuerda la pertenencia metropolitana de la ciudad, pero no en el sentido de rótula del Baix Llobregat, sino de atalaya, de soprano en el coro de los 36 municipios que integran el AMB.

La (re)territorialización del desarrollo

Pocas unanimidades se producen en la política actual como la suscitada en torno a la lucha contra la contaminación atmosférica en el nuevo consejo del Área Metropolitana de Barcelona (AMB), institución que se antoja el “oasis catalán”, dado el acuerdo cuatripartito que la gobierna. A diferencia de la Diputación de Barcelona, donde el pacto ha sido entre PSC y Junts per Cataluña, en el AMB, que en el anterior mandato había dejado en la cuneta a CiU, ahora sus herederos también están en el acuerdo del mandato hasta 2023 junto a PSC, ERC y los Comunes. Bajo la presidencia de la alcaldesa Colau, el consejo metropolitano de 90 ediles deberá reflexionar el futuro de esta organización mancomunada de la ciudad real.

Las cuestiones atinentes al espacio, la geografía y la organización del territorio han adquirido una importancia creciente en las últimas dos décadas en los estudios sobre el desarrollo, tanto en el plano socioeconómico como en el político. Las profundas y crecientes desigualdades no solo se manifiestan de forma interregional, en el interior de los países, junto a la crisis del Estado-nación, sino también surgen en la emergencia de ciudades y regiones de prominencia global. Estos son algunos de los fenómenos que están en el origen de la denominada (re)territorialización del desarrollo.

AMB, distrito federal

Los impulsores del proyecto Barcelona Distrito Federal presentan el 16 de enero un segundo libro donde defienden una gobernanza metropolitana abierta y participativa para garantizar la cohesión. Una gobernanza en la que las autoridades de l’Hospitalet, si abandonaran ese orgullo que profesan de ciudad-comarca y se incluyeran formalmente en el Baix Llobregat, lograrían para sus habitantes un peso específico superior para hacer frente al poder omnímodo y capitalino de Barcelona ciudad.

La nueva gobernanza supondría la materialización del modelo metropolitano que soñó Pasqual Maragall y que truncó Jordi Pujol al eliminar en 1987 la antigua Corporación Metropolitana porque la consideraba un contrapoder a la Generalitat. En la actualidad, los 36 municipios que integran el AMB y donde viven 3,2 millones de habitantes (un tercio en el Baix Llobregat más l’Hospitalet) generan más del 51,5% del PIB catalán. Como institución, el AMB gestiona el tercer presupuesto público de Cataluña, después de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona. Sin embargo, los autores del libro “Una nueva gobernanza para la Barcelona metropolitana” ven encorsetado el principal motor económico y poblacional de Cataluña, al considerar que la ley que regula el AMB está estancada y es poco ambiciosa, dado que no facilita el pleno desarrollo de políticas tan importantes como vivienda, transporte, agua o energía. Y, sobre todo, porque depende demasiado de los intereses partidistas.

Las desigualdades se amplían

Una metrópoli que los autores del libro afirman que los ciudadanos deben sentir suya. En este punto adquiere especial relevancia el debate sobre la elección directa de los órganos de gobierno “federal”, además del consejo de alcaldes inspirado en el histórico Consell de Cent. Un punto en el que subrayan que la elección directa no debe limitarse a la del alcalde metropolitano, sino que debiera ampliarse a la existencia de distritos metropolitanos para que cada barrio elija a sus representantes en la verdadera Casa Común metropolitana. Para lograrlo, tenemos a nuestro alcance potentes tecnologías de participación que reforzarían los vínculos entre los ciudadanos electores y sus representantes electos.

Además, la nueva gobernanza debería afrontar los rápidos cambios tecnológicos que generan riqueza, pero que también amplían las desigualdades, como ha puesto de manifiesto el informe “Las desigualdades en el Área Metropolitana de Barcelona”, presentado hace un mes por la Fundación Cataluña Europa. El estudio concluye que ahora la diferencia de ingresos de los habitantes es ligeramente superior a la que había al principio del siglo XXI, según el municipio donde viven, mientras que en el periodo comprendido entre 1985 y el año 2000 esa diferencia se había reducido. Además, la renta del 20% de la población más rica en el AMB casi quintuplica la del 20% más pobre. ¿Adivinen dónde viven los ciudadanos de esos porcentajes?

Redistribución metropolitana

Para combatir esas desigualdades, el informe concluye que son necesarias “políticas de redistribución de alcance metropolitano para incrementar los recursos de los municipios que deben atender situaciones de urgencia social. Por eso, sus autores recomiendan “igualar los servicios a los que tienen acceso los habitantes de la Barcelona metropolitana, que actualmente se ven determinados por el municipio de residencia de la población”. Reducir esas desigualdades de ingresos tendrá un impacto en la reducción de las consecuencias de la desigualdad, ya que éstas están fuertemente vinculadas con el nivel de renta de la población.

Un proverbio africano dice: si quieres ir rápido, camina solo, pero si quieres llegar lejos, ve acompañado. Los que mandan en l’Hospitalet, de momento, quieren ir deprisa, deprisa.

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