La hora de rehabilitar

0
187

Juan Carlos Valero és periodista i professor de Periodisme. Fundador de BCN Content Factory i editor executiu de El LLobregat

El boquete en la fachada de un edificio del barrio de La Salut, en Badalona, ha alarmado a muchos vecinos de l’Hospitalet que habitan bloques coetáneos construidos en el boom de los años 60 y que, como el colapsado, carecen del necesario mantenimiento, bien por desidia de sus propietarios o por falta de medios económicos de sus moradores. El ayuntamiento badalonés financia el lento derribo del bloque siniestrado, que ha comenzando por la parte de arriba con la ayuda de dos grúas, para así evitar afectar a los edificios colindantes y para garantizar la seguridad del personal que está realizando los trabajos. La operación está valorada en unos 400.000 euros. Un dinero que bien podría haberse destinado a la rehabilitación de la vivienda y no a su derribo.

Además de la falta de rehabilitación, el colapso del edificio badalonés también ha dejado al descubierto el problema de la ocupación de las viviendas, ya que algunos de sus habitantes estaban en situación irregular en el país, en algunos casos como ocupas de pisos vacíos propiedad de bancos, por lo que no podrán acceder a recuperar sus pertenencias. Se trata de afectados a los que no se les podrá prestar ayuda institucional.

Boquete producido en el edificio de Badalona.

En l’Hospitalet se apuesta por obra nueva

En l’Hospitalet predomina la obra nueva y no se atiende a la rehabilitación. La obra nueva supone grandes ingresos a las arcas municipales y la rehabilitación requiere de ayudas públicas. La cultura urbanística que impera en nuestra ciudad se centra en el desarrollo urbano que supone la colonización del suelo que queda libre y dificulta la planificación y la gestión de las operaciones profundas de rehabilitación de edificios y de barrios enteros. En mi modesta opinión, ejemplar fue la actuación de Pasqual Maragall en la rehabilitación de Ciutat Vella, con actuaciones de cirugía urbanística que implicaron el derribo de manzanas de infraviviendas para abrir, por ejemplo, la Rambla del Raval.

Gracias al plan de barrios impulsado por el tripartito, la Generalitat invirtió dinero público en muchos bloques de Collblanc-Torrassa que ahora ya tienen ascensores. Fueron buenas mejoras de accesibilidad, pero en conjunto insuficientes, porque faltan rehabilitaciones de conservación y de mejora de la edificación en su conjunto y otras de eficiencia energética, es decir, tener en las viviendas un buen aislamiento frente al frío o el calor, lo que redunda, no solo en la seguridad de los hogares de los hospitalenses, sino en la mejora de su confort y salud. En definitiva, rehabilitando se eleva la calidad de vida y se reduce la factura energética, contribuyendo a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Por no hablar del empleo que se generara con ese tipo de actuaciones.

Falta un plan rehabilitador de ciudad

Pero el crédito para la rehabilitación sigue siendo escaso y caro, pese a la abundancia de capital existente y que podría invertirse con ese objetivo si se dieran unas buenas condiciones. También las políticas de financiación públicas son anticuadas por la falta de un diseño coherente y sistemático que tenga en cuenta las otras políticas sociales. Además, cuando hay líneas públicas de fomento de la rehabilitación, están cargadas de burocracia, son totalmente insuficientes en cuanto al importe subvencionado y su alcance. Todo ello hace imprevisible su otorgamiento y, en muchos casos, llegan a destiempo. En resumidas cuentas, está claro que ni para el Ayuntamiento de l’Hospitalet ni para el resto de las administraciones, la rehabilitación de viviendas no es una prioridad.

Urge que el Ayuntamiento diseñe una política de rehabilitación integral de los barrios más degradados de l’Hospitalet y que disponga de ayudas a los vecinos, porque, insisto, esta labor tiene un gran potencial para el desarrollo de puestos de trabajo y, como hemos visto, enormes beneficios sociales, económicos y ambientales que contribuyen a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Dostenible (ODS) de las Naciones Unidas. Tenemos diez años para lograrlos en el marco de la Agenda 2030 que establecen los ODS. Hay que ponerse manos a la obra, porque la rehabilitación de viviendas, además de los beneficios directos para sus moradores, aumenta el parque de pisos de alquiler asequible ante la falta de suelo disponible y el encarecimiento de la obra nueva. También promueve el ahorro energético y las energías renovables, fomenta la actividad económica local vinculada al sector y garantiza la calidad y la seguridad del patrimonio arquitectónico.

Además, la rehabilitación es un valioso instrumento para dinamizar zonas de la ciudad degradadas y empobrecidas en todos los aspectos. Por eso es necesario construir una visión de ciudad que contemple esta herramienta y no solo la frenética construcción de obra nueva. Una planificación que también disponga de recursos económicos y programas de largo recorrido que sean inclusivos, compartidos y beneficiosos para el conjunto de los ciudadanos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here