Del dicho al hecho… hay una pancarta

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Viene siendo algo muy común desde hace algunos años y esta semana se ha hecho patente en L’Hospitalet. Nos referimos a las pancartas que cuelgan de los edificios públicos. Cartelería reivindicativa sobre diversos aspectos -independencia, refugiados, a favor de los derechos LGTBI, por las personas mayores o a favor de cubrir las vías del tren, entre otros- que casi cada semana decoran nuestra Casa de la Vila. Reclamaciones de diversa índole, legítimas, pero sobre las que no discutiremos acerca de su idoneidad, sino más bien sobre su oportunidad y eficacia.

Esta semana, por ejemplo, han convivido en el mismo edificio municipal una pancarta con motivo de la Setmana de la Gent Gran -sobre la entrada principal- y otros carteles a favor de la libertad de los políticos independentistas presos en la fachada trasera -aunque no menos importante: los funcionarios suelen entrar y salir por ella-, que da a la calle Josep Prats. Por estos últimos, Ciutadans ha vuelto a llevar al consistorio ante la Junta Electoral, como ya hiciera en diciembre del 2017 por un caso idéntico, al considerarlos «de marcado carácter partidista», en palabras del portavoz naranja, Miguel García. Se trata de carteles que cuelgan en las ventanas de los despachos de algunos partidos, pero que para los de Albert Rivera no deberían estar ahí. «Los ayuntamientos no pueden usarse como herramienta política de unos pocos», ha expresado García, que ha anunciado, además, la presentación de una instancia al Ayuntamiento solicitando la apertura de expedientes sancionadores por colocar «sin autorización», destaca, carteles y pancartas propagandísticas.

El eterno retorno

Hace un par de años Ciudadanos entró una denuncia idéntica ante la Junta Electoral, en aquella ocasión al considerar que los carteles de corte independentista que lucía el ventanal trasero del Ayuntamiento eran inapropiados para la campaña electoral de las elecciones del 155. Aquella vez se llevaron el gato al agua y, finalmente, unos funcionarios municipales retiraron las pancartas, ante las críticas de los partidos independentistas del consistorio.

Ciudadanos, por otro lado, no ha perdido ocasión para volver a vincular a Núria Marín con el independentismo, aludiendo en esta ocasión al pacto al que llegaron PSC y Junts para hacerla presidenta de la Diputación. «Una vez más, vemos la complicidad del gobierno del PSC y de la alcaldesa Marín con las formaciones secesionistas», ha expresado García en este sentido. El problema de esta aseveración radica, quizá, en que Junts no cuenta con grupo municipal y, por lo tanto, no tiene despacho en el Ayuntamiento. Por lo que resulta un pelín complicado pensar que Marín está siendo benévola con el secesionismo hospitalense, representado éste por ERC, único grupo que consiguió representación en el Pleno y a quien Marín dejó sin la presidencia de la Diputación, además de erigirse como el principal rival de los socialistas en unas próximas elecciones catalanas. ¿Realmente Marín estaría dejando que cuelguen dichos carteles en connivencia con Junts? El argumento de Cs sí que ganaría más enteros en el caso de la mujer de Carles Puigdemont, presentadora de la Xarxa -la red de televisiones locales que dependen de la Diputación-, cuyo contrato de 6.000 euros mensuales por presentar The Weekly Mag ha sido renovado por el ente provincial, pese a la polémica generada por lo elevado del salario.

Pero volvamos a la ciudad. Como hemos comentado, las pancartas independentistas han convivido durante unos días con otra gigante colocada en la fachada principal con motivo de la Setmana de la Gent Gran; siete días durante los cuales se ha querido reconocer el papel de las personas mayores en nuestra sociedad, su valor y también «convertirlas en protagonistas», según han destacado desde el Ayuntamiento. Se han celebrado actos alrededor del 1 de octubre, Día Mundial de las Personas Mayores, mayoritariamente para mostrar las actividades que llevan a cabo los 15 centros de mayores de la ciudad.

Actualmente en la ciudad viven 54.000 personas mayores de 65 años, lo que representa un 20% de la población. De estas, 17.000 son mayores de 80 años, es decir, una tercera parte de los que están en edad de jubilación. El envejecimiento de la población, fruto de la ampliación de la esperanza de vida y la baja natalidad, es un desafío para las ciudades, que han de adaptarse a las necesidades de un colectivo cada vez más numeroso. ¿Estamos preparados para ello? ¿Es L’Hospitalet una ciudad amable para nuestros mayores? Además de organizar actos para enseñar lo que hacen los jubilados, ¿qué se está llevando a cabo desde el equipo de gobierno para revertir problemáticas que les afectan, como la pobreza energética, la movilidad o la soledad?

Marín y la regidora Sariñena en el acto de homenaje a las personas centenarias, en el marco de la Setmana de la Gent Gran.

Sobre esta última cuestión, en febrero La Vanguardia publicó un reportaje en el que alertaba sobre el creciente número de personas mayores fallecidas durante rescates por parte de los bomberos. En concreto, el artículo destacaba que durante 2017 murieron 24 vecinos solos en sus viviendas, una cifra superior a la de ciudades similares como Terrassa (17) o Badalona (9). En aquel reportaje, el jefe de bomberos de L’Hospitalet explicaba los panoramas con los que se encontraban en sus actuaciones, con gente con falta de recursos económicos y en situación de pobreza energética, además de alertar sobre las condiciones físicas de los edificios, contra las que han de «luchar». Un último punto este, el del envejecimiento del parque de vivienda, que cobra especial significación en pleno proceso participativo para decidir cómo será el Plan Director Urbanístico (PDU) metropolitano, que pretende renovar el obsoleto Plan General Metropolitano de 1976.

No estaría de más, antes de continuar, destacar que esta semana pasada se ha conocido que L’Hospitalet es la ciudad de España donde más ha crecido el precio de la vivienda en los últimos 5 años, en concreto un 58% más. Son datos facilitados por el ministerio de Fomento, que señalan que el metro cuadrado en la segunda ciudad de Cataluña cuesta actualmente 2.198 euros.

Pero volviendo a las pancartas y cartelería, éstas han de venir acompañadas de unas políticas concretas cuya efectividad o existencia, en los dos casos que hemos descrito en este humilde articulete, habría que poner bajo la lupa. Pancartas, además, que en otro tiempo colocaban los vecinos para hacer presión a las administraciones y que, ¡cosas de los tiempos!, son ahora estas últimas las que colocan en sus respectivos edificios para patrimonializar la protesta y controlar las reivindicaciones.

L’Hospitalet en la historia

Sigamos con símbolos, aunque de otro tipo. Ayer domingo se conmemoró el 306 aniversario del Convenio de L’Hospitalet. Nuestra ciudad, para aquellos que no lo sepan, fue escenario de la firma del acuerdo que desencadenó el final de la Guerra de Sucesión tal y como lo conocemos: con Barcelona sitiada por las tropas borbónicas en una defensa suicida que finalizó el 11 de septiembre de 1714. Fue aquí, a poca distancia de donde estoy acabando de escribir ahora mismo esta frase, donde los aliados austracistas, capitaneados por el mariscal Starhemberg, se aseguraron una vuelta segura a casita, tras finalizar las hostilidades con el ejército de Felipe d’Anjou. Tres días después -quizá fueron en Rodalies-, la noticia llegó a Barcelona, donde hubo manifestaciones en contra de los antiguos aliados europeos, ante la constatación de que la ciudad se quedaba sola ante los ejércitos borbónicos.

Los ‘miquelets’ forman ante la Atalaia. Foto: ERC-LH

El recuerdo de tan trascendente convenio sigue vivo en la ciudad que le dio cobijo. El domingo, como cada año, los grupos de recreación histórica volvieron a desfilar por el casco histórico de la ciudad y su centro, haciendo descargas de trabuco que nos sacaron a más de uno de la cama y realizando una auténtica clase de histórica a los presentes, que han podido descubrir cómo funcionaban los destacamentos militares del XVIII y cómo vivían nuestros ancestros hospitalenses por aquel entonces.

Y volviendo al presente, este domingo la plaza de la Cultura de Bellvitge acogió la Festa del Treball Digne, organizada por el sindicato Comisiones Obreras y enmarcada en una jornada internacional por la defensa de los derechos de los trabajadores. A la celebración han asistido la nueva coordinadora local del sindicato, Liliana Reyes, así como el secretario general en Cataluña, Javier Pacheco.

1 Comentario

  1. Gran crònica, com sempre. Només que les pancartes de «Llibertat presos polítics» no són independentistes.

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