Un poco de dulce aburrimiento

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Antonio Fornés Murciano és filòsof i escriptor. Ha escrit Las preguntas son respuestasRecorriendo el KurdistánReiníciate i Creo aunque sea absurdo o, quizá por eso. Acaba de publicar Viaje a la sabiduría

Existen multitud de estudios que afirman que aburrirse es bueno para nuestro cerebro. Es en los momentos de aburrimiento, esos en los que no tenemos “nada que hacer,” y ningún estímulo externo llama especialmente nuestra atención, cuando nuestro cerebro se vuelve más creativo y lúcido. Esto parece ser todavía más importante en los niños, pues ese supuesto aburrimiento no sólo acelera su creatividad sino que permite un mejor desarrollo de su cerebro aún en crecimiento. Desgraciadamente, hoy en día nuestros infantes están demasiado ocupados con el móvil o la videoconsola como para aburrirse, lo que supone un peligro evidente para el raciocinio y el coeficiente intelectual medio de las nuevas generaciones… Como diría el clásico medieval, “mundus senescit…”

Por ello y en pro de la salud de sus mentes, queridos lectores, y de la del que suscribe estas líneas, he puesto todo mi empeño en escribir un artículo convenientemente aburrido. Sí, porque increíblemente parece, salvo que el sr. Sánchez decida lo contrario, que por fin ha llegado a su fin todo el carnaval electoral del que hemos podido gozar en los últimos meses. Se acabaron las risas al escuchar los discursos de nuestros políticos y confirmar, una vez más, su indigencia intelectual. Se acabó la expectación diaria por descubrir si nuestros egregios representantes eran capaces de sumergirse aún más en el lodo del ridículo. Se terminó la insoportable desazón al respecto de quién iba a convertirse en el próximo alcalde de nuestro querido pueblo de Hospitalet. Ah, no, que sobre eso no había duda, que aquí ganaba seguro Nuria Marín. Lo único que no se acaba es el “procés,” pero esa historia es tan y tan aburrida que supera incluso las posibilidades de esta modesta columna…

En fin, que se acabaron esos domingos de fiesta popular en los que nos hemos dedicado a meter papelitos en cajas como si viviéramos en pleno siglo XVIII. A este respecto, ¿soy el único que se pregunta por qué  en pleno año 23 (más o menos) de la era del emperador divino y absoluto Mr. Google, es decir, en plena época informática y virtual, debemos seguir jugando a la política con papelitos? ¿No debería también la democracia adaptarse a los tiempos? ¿O es que simplemente hemos convertido lo presuntamente democrático en un rito de carácter religioso sin ningún trasfondo real? La única explicación aceptable que se me ocurre, es que lo de las papeletas y las urnas es una buena excusa para salir a dar una vuelta el domingo por la mañana y culminar nuestra gran aportación democrática con una vermutito en alguna terraza con los amigos. Ya se sabe, somos mediterráneos… Pero en fin perdonen la digresión, les había prometido un artículo aburrido y he de cumplir mi promesa.

Acabado el periodo electoral, y tras la eterna victoria del PSC en Hospitalet, que casi es una demostración de que los griegos y romanos acertaban con su visión cíclica y repetitiva de la vida y la historia, volvamos por favor al dulce aburrimiento, a hablar con el vecino del calor que hace este año, de lo interesante que se presenta la próxima liga de fútbol, o de lo casi imposible que resulta aparcar en nuestra ciudad. Cuestiones de discutible interés, claro, pero en realidad, no se engañen, del mismo escaso calado que las conversaciones que sobre las diversas elecciones hemos compartido estos días.

Así que, personalmente, me dispongo a sumergirme en el aburrimiento del verano, dispuesto a pasar horas sin hacer nada en esta nuestra inhóspita villa de cemento y alquitrán que posee el raro honor de ostentar una densidad de población similar a la de Calcuta. Es más, como promesa veraniega prometo no mirar el móvil cada tres segundos, y no tener nunca una Tablet cerca. Incluso, en una demostración de lo peligrosamente reaccionario que puedo llegar a ser, quizá hasta lea un libro. Lo sé, me estoy convirtiendo en un psicópata. ¿Será por el dulce aburrimiento?

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