Con un par… calma chicha hasta 2023

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Luis Candelas fue el enemigo público número uno de la capital más castiza del reino, hace ya bastante tiempo. Más tarde se reencarnó en el Baix Llobregat donde se dedicó a darle al lápiz, en todos los intentos de prensa libre de la comarca entre los años ochenta y finales de los noventa. Ahora, más viejo que nunca, vuelve porque le han insistido, con más desgana que antes, pero con la misma voluntad de meter el dedo en la llaga del poder. Bajo su Capa se esconde una mala baba del copón, pero también los sueños indestructibles de la justicia, la libertad y la esperanza en un mundo mejor.

Todavía faltan días, pero todo apunta a que el socialismo rampante —el socialismo que rampea, que repta, que se esfuerza por trepar— volverá a ganar en esta ciudad a falta de un cartel electoral entusiasmante en el que muchísimos se empeñan en participar pero donde poquísimos se creen que pueden ganar.

Entre los poquísimos, la alcaldesa Marín, que sabe que no tiene sombras alrededor que le puedan tapar los brillos del poder. Por lo que me dicen los colegas, se van a presentar hasta 17 candidaturas. Más de 500 aspirantes para 27 puestos de trabajo. Unos, excelentemente remunerados. Los demás, remunerados a secas. Son, como unas oposiciones con un tribunal numerosísimo pero muy poco exigente que es el votante, y unas plazas para los que se exige un conocimiento más bien exiguo de lo que ha sido, es y debiera ser la ciudad. Lo más importante para tener éxito es que te conozcan, que tu nombre suene, aunque sea en los reducidos círculos de tu vecindario porque no importa nada lo que has hecho en la ciudad, por la ciudad y por tus convecinos.

Entre las 17 candidaturas hay de todo como en botica: extrema derecha, derechita cobarde, derecha liberal, derecha nacionalista, derechita socialista, izquierda socialdemócrata, izquierdosos, izquierdosos nacionalistas, izquierdosos independentistas y despistados. A lo sumo, cabrán 4 o 5 candidaturas y ya serán demasiadas, todas aquellas que deje libres la señora Marín y sus amigos.

La señora Marín y sus amigos prevén sacar una docena de concejales de 27, por lo bajo, de modo que, como la lista es cremallera, las seis señoras y los seis señores con los que se cuenta, han tenido que utilizar los codos para hacerse sitio según me explican mis despendoladas enemigas socialdemócratas. Ellas no se quejan demasiado, y se entiende, pero hubo unos cuantos rebotados que se dejaron oír y que influyeron para que uno de cada tres militantes con derecho a roce se abstuviera de apoyar, en la votación final, la lista definitiva.

Las seguras, además de la alcaldesa, van a ser unas cuantas jóvenes de la JSC, cuyos máximos méritos han sido la brega militante y caer bien al aparato y otro par de promesas a las que se quiere rodar un poco. Los seguros, son reconocidos por su fiabilidad: buena relación con la alcaldesa (alguno, muy muy buena de sus años estudiantiles) y lazos de amistad e incluso familiares, porque el segundo y el cuarto son suegro y yerno y al candidato Graells y al candidato Castro no hay quien los remueva porque no se dejan. El resto de la lista es un relleno trufado de confianzas y servicios mutuos. Hasta el rey Baltasar de las cabalgatas oficiales se empotró en la candidatura. Que les vaya bien, que si a ellos les va bien no se fijan en los pobres.

Y tiene que ir bien en el Consistorio porque incluso los que no ostentan poder quieren repetir y si no que se lo digan a Juan Carlos del Río, a Pedro Alonso y a Sonia Esplugas, los tres antiguos militantes peperos que ahora encabezan cada uno de ellos una lista diferente. Pero hay más. Los convergentes de siempre —reconocibles porque Meritxell Borràs cierra su lista— se han reproducido como mosquitos. Ahora hay tres listas convergentes: los de Junts, los de Primàries y unos que se presentan desvergonzadamente como Convergents a secas. Pero también se han desdoblado los de la CUP. La CUP de antes, con Khristian Giménez dentro, y la CUP de ahora que se ha llevado las siglas. Y para que haya de todo no podía faltar Vox ni dos candidaturas repletitas de nombres propios compuestos que indican que sus componentes son recién llegados, o quizás no tanto, que han perdido todos los complejos —ya era hora— y están decididos no solo a que no les gobiernen los de siempre sino a poder gobernarles ellos /ellas, que para algo son ciudadanos como los demás.

Y hablando de Ciudadanos, Miguel García se presenta. Quiso que en su lugar estuviera Corbacho pero Corbacho vuela ya demasiado alto y l’Hospitalet le viene pequeño. Su lugar está en el Parnaso donde conviven presidentes y gentes de gran nivel, como Trump, por ejemplo. Si no fuera porque su partido ha transitado desde el españolismo socialdemócrata al derechismo epidemiológico, García sería una voz a escuchar. Hasta nos podríamos creer que en verdad tiene ideas renovadoras.

Me dejo para el final dos de las candidaturas con posibles. Me refiero a los podemos, a los colaos, a los comunes, parecidos a los comunistas de antaño pero que disimulan hasta con el nombre. Parece que también se pelearon con las listas y los iniciativos se rebotaron un algo, pero como son pocos no se quieren hacer daño, que luego todo es sangre y crujir de dientes. Y los republicanos, con otro García repetidor, exverde, exizquierdaunida, siempre pululando en esa marginalidad  hospitalense que no lo es tal en cualquier otro sitio. Hasta quince concejales para dieciséis aspirantes si las encuestas no mienten, de los cuales hará falta un par para que la señora gobierne sin preocupaciones.

Con un par… mayoría absoluta, como pasó en la pasada. Y en 2023 hará 44 años que gobiernan los mismos. Hasta que haya alguien que tenga las agallas de creerse que se les puede ganar y se ponga a ello desde este mismo mayo.

 

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