L’Hospitalet, anclada en el XIX

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Juan Carlos Valero és periodista i professor de Periodisme. Fundador de BCN Content Factory i editor executiu de El LLobregat.

El 3 de febrero se cumplieron 551 años del fallecimiento de Johannes Gutenberg, el impulsor de la imprenta de tipos móviles, el primer emprendedor tecnológico que propició una verdadera disrupción, similar a la que supuso la invención de la escritura cuneiforme de los sumerios en Mesopotamia hace más de 5.000 años para registrar las transacciones comerciales de la época.

La escritura es el principal medio de comunicación entre los humanos, porque permite fijar en el tiempo la expresión de los pensamientos en un soporte material como el papel, o inmaterial como la nube que propicia la tecnología. Y la imprenta hizo posible la democratización del conocimiento y la preservación de todas las artes, dado que tanto antaño como hogaño, textos e imágenes son las materias primas de la comunicación en cualquier soporte.

Nadie ha influido tanto en el progreso de la Humanidad como Gutenberg. Por eso se le considera el “Hombre del pasado Milenio”, porque con la imprenta se inició la época moderna en Europa occidental. E internet no ha hecho más que evolucionar los contenidos mediante los teclados de los móviles, tabletas y ordenadores, que son nuestras personales imprentas, con nuevos formatos hipermedia en la nube.

En L’Hospitalet, el homenaje a Gutenberg es constante más allá de que el recinto ferial de Gran Vía acogerá del 26 al 29 de marzo el salón Graphispag, de referencia en España para la industria gráfica y la comunicación visual que integra todas las formas de impresión, desde las tradicionales (caligrafía artesanal) a las más avanzadas en 3D, con la personalización y el diseño de interiores como tendencia. Una personalización que va del vinilado de vehículos o “wrapping”, a la bioimpresión. Y sin límites de soportes, porque se puede imprimir cualquier formato o superficie, con lo que se consiguen ambientes y productos únicos.

El homenaje permanente a Gutenberg de L’Hospitalet se produce al margen de que la alcaldesa presida desde 2016 la junta directiva de la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI). Núria Marín, en su doble condición de primera edil de la ciudad anfitriona del salón Smart City Expo World Congress (SCEWC), que se celebra cada mes de noviembre en el recinto ferial hospitalense, y como lideresa de las ciudades inteligentes españolas, siempre procura epatar en este tipo de citas internacionales con faraónicas instalaciones, como la gigantesca cúpula llamada “We LHove 360º. Disfruta, vive y enamórate de la ciudad”, donde en noviembre pasado ofreció una tecnología narrativa en un nuevo formato de comunicación inmersiva mediante fusiones y recreaciones futuristas.

L’Hospitalet, como sede de SCEWC, la feria de las Smart Cities, es el gran escaparate internacional de las últimas tecnologías de la transformación urbana y también una plataforma de debate sobre el futuro de las ciudades que elevan la capacidad de la ciudadanía para poder participar en las decisiones que le incumben, en una especie de recuperación de la función de ágora ateniense, donde poder tomar las decisiones de forma colectiva.

Siempre que se habla de democracia directa se pone como ejemplo a Suiza, el país que celebra más referéndums en el mundo. Los “smartphones”, como cetros de la modernidad líquida, podrían servir como herramientas de consulta instantánea a la ciudadanía por parte de sus gobernantes, además de ayudar a la innovación y a la cocreación, más allá de la simple participación consultiva, por ejemplo, en la elaboración de unos presupuestos. Son mecanismos sencillos, máxime en la ciudad que acoge el Mobile World Congress, de modo que su implementación solo depende de la voluntad política. Pero dudo que los gobernantes de ciudades inteligentes como L’Hospitalet quieran que sus ciudadanos lo sean, dada la amenaza que supone su empoderamiento.

Mucho me temo que el esfuerzo del Ayuntamiento de L’Hospitalet en materia de Smart City se reduce a una política de escaparate, ya que, por ejemplo, su administración sigue exigiendo a las entidades de la ciudad que tengan tampones para imprimir con tinta y mediante presión sobre el papel, sus logotipos en la documentación que presenten. Un método muy Smart que recuerda al de los romanos, que tenían sellos para imprimir sus ánforas. La estampación o impresión en tinta sobre papel también la exige el ayuntamiento en los certificados bancarios de toda empresa y autónomo debe presentar si quiere cobrar por unos servicios municipales, lo que obliga a desplazarse físicamente a la entidad financiera para que, de nuevo, le pongan un cuñazo. Algo tiene de bueno, porque al menos, se mantiene el permanente homenaje a Gutenberg y ya los funcionarios no llevan viseras ni manguitos, como en el siglo XIX.

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