Verdades y posverdades

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Manuel Domínguez és historiador i professor de Secundària, president del Centre d’Estudis de L’Hospitalet i autor del bloc Local – Mundial

En la década 1970 el imperialismo yanqui sufrió dos severas derrotas: Vietnam (1975) y Nicaragua (1979). Uno de los factores que permitieron esas derrotas fue el trabajo de los periodistas norteamericanos, que informaron a su población de las barbaridades que cometían las tropas de su bando (propias o de los aliados locales). La opinión pública estadounidense presionó para que se dejara de apoyar a las dictaduras de esos países y las guerrillas izquierdistas llegaron al poder.

Los neoconservadores tomaron buena nota y el equipo de Reagan desarrolló en la década de 1980 un programa de “gestión de la percepción”. Si se quería que los escuadrones de la muerte actuaran con impunidad y acabaran con la disidencia en el Tercer Mundo había que convencer a la población norteamericana de que lo que hacían era justo. En buena medida, la guerra imperialista la ganó Chuck Norris desde los video-clubs.

En 1992 se utilizó por primera vez el concepto “posverdad”. Pero este nuevo concepto no denunciaba la manipulación de las conciencias que se estaba produciendo desde el poder, sino la aceptación de las mentiras por la mayor parte de la población, que identificaba verdad con malas noticias, y, añado yo, cuestionaba los orígenes de la bonanza económica de las décadas de los yuppies.

Sabemos que actualmente hay  empresas y movimientos políticos especialistas en generar noticias falsas y que han sido muy eficaces en los triunfos electorales de la extrema derecha  (Trump, Bolsonaro, el trifachito andaluz, etc.). Las mentiras no las fabrica el Ministerio de la Verdad, las genera The Movement con la complicidad de los autoengañados.

En España llevamos muchos años padeciendo un tipo de periodismo panfletario y agresivo, que surgió en la radio y se ha extendido a televisiones y internet. En Cataluña sabemos bien lo que significa ser el objeto de una campaña continuada de desinformación. En especial, la escuela catalana ha sido víctima de esa persecución mediática y política. El nacionalismo español nos escogió para desarrollar una de sus armas de manipulación masiva, sin importarle lo que podía provocar en la educación del alumnado.

En esta ocasión quiero hacer hincapié en una campaña de “gestión de la percepción” de la realidad de las que se hacen a largo plazo. Uno de sus principales objetivos es la inoculación del miedo, que cuando lo tenemos incrustado en el cerebro y las vísceras nos vuelve conservadores. Desde hace años, el periodismo de trinchera ideológica derechista se ha caracterizado por un fenómeno: sobredimensionar lo que antes se llamaba “los sucesos”.

Cualquier noticiario televisivo de las cadenas privadas españolas dedica un porcentaje altísimo de su tiempo a crímenes y delitos de todo tipo. De esta forma, la sensación que produce es que pasan muchas cosas delictivas a nuestro alrededor y de que estamos constantemente amenazados. Lo cierto es que vivimos en unos de los países más seguros del mundo, aunque es muy probable que si le preguntamos a un vecino, nos dirá que ahora hay más delincuencia que nunca.

En l’Hospitalet, con los altibajos normales, llevamos muchos años con una delincuencia escasa y estable; entre 324 (2014) y 150 (2017) hechos delictivos por cada mil habitantes. Los datos que he podido consultar de 2018 informan de un ligero incremento en las estafas por internet y en las agresiones sexuales. A pesar de la tozudez de los datos, la delincuencia es una de las preocupaciones principales de la población de l’Hospitalet. En el último barómetro municipal, el de 2018, ocupa la segunda posición. Creo que existe una relación directa entre esa campaña mediática y la existencia de una sensación de inseguridad.

Es evidente que hay delincuencia, que hay que combatirla y que quien es víctima de la misma puede sufrir una de las peores experiencias de su vida, por lo que requerirá toda la ayuda posible. Pero no debemos obviar que vivimos en uno de los entornos más seguros del mundo, a pesar de lo que nos quieren hacer creer. Y los que vivimos los años del caballo sabemos que en las décadas de 1970 y 1980 había más delincuencia que ahora.

La propaganda de la derecha, sobre la base de la campaña del miedo, insiste en el grave peligro de la delincuencia, y rápidamente la relaciona con la inmigración extranjera. ¿Por qué cuando pensamos en delincuencia no pensamos en banqueros que vendieron preferentes a abuelitas, empresarios inmobiliarios corrompidos y corruptores, futbolistas defraudadores y otra gente con corbata?

Las noticias falsas, a veces ridículas de lo absurdas que son, se difunden por los grupos de whatsapp y nos las creemos porque nos las queremos creer, porque forman parte de la posverdad que nos conviene y porque caen sobre una base creada desde los noticiarios.

El relato se ha convertido en la realidad. Toda la vida he sido aristotélico y resulta que el pu…ñetero Platón tenía razón.

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