Filosofía de lo políticamente correcto en el nuevo nomenclátor de L’H

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Antonio Fornés Murciano és filòsof i escriptor. Ha escrit Las preguntas son respuestasRecorriendo el KurdistánReiníciate i Creo aunque sea absurdo o, quizá por eso. Acaba de publicar Viaje a la sabiduría

Hace unos días leí en la página Web del ayuntamiento de nuestra siempre querida ciudad de l’Hospitalet que el pasado 31 de enero de este año se aprobó un nuevo nomenclátor en el que se da nombre a 19 espacios nuevos o innombrados hasta ese momento. El texto municipal afirmaba con orgullo que la mayoría de estos lugares se habían dedicado a nombres de mujeres, lo que en sí, más allá del hecho evidente de que nuestro ayuntamiento se deja llevar por la marea de lo políticamente correcto, no me dijo nada en especial. Sin embargo, picado por la curiosidad, eché un vistazo a los nombres elegidos, y hete aquí que me encontré con la feliz noticia de que entre los personajes elegidos se encontraba un filósofo, o mejor dicho, una filósofa, Hipatia de Alejandría.

Por supuesto, al fin y al cabo, los insignes próceres que rigen el devenir de nuestra metrópoli, tampoco iban a elegir, qué se yo…, a Platón por ejemplo, al fin y al cabo qué aportó este ateniense al mundo aparte de ser el filósofo más influyente de la historia, poca cosa en realidad, ¿o Aristóteles? Venga hombre, pero si no hay quien se lea su Metafísica…, será uno de los pilares del pensamiento occidental, pero es tan aburrida… ¿Y Nietzsche? ¡Quia hombre! Con esos bigotes… ¡Pero si tiene pinta de loco! Con lo deliciosamente guapa que está Rachel Weisz en Ágora, la monótona y tendenciosa película de Alejandro Amenabar que hizo conocida entre la multitud la figura de Hipatia.

Quizá alguno de ustedes hayan esbozado una sonrisa con este último párrafo, pero sinceramente no se me ocurre otra razón, más allá de las múltiples gracias con las que está dotada la bella Weisz, para que entre el ingente caudal de pensadores que ha dado el mundo en los últimos dos mil quinientos años, las cabezas pensantes, -es un decir, claro…-, del nomenclátor hospitalense hayan escogido a Hipatia. Al parecer en el bachillerato se dedicaron a hacer pellas y su única fuente de conocimiento filosófico es el cine. Como ven, en general, los filósofos hemos de tener mucha paciencia…

Con todo, y por si a estos “genios” del callejero municipal, en un momento de debilidad imperdonable, les da por leer este artículo, les aclararé que Hipatia, a diferencia de la protagonista de Ágora, no era una mujer joven cuando, desgraciadamente, fue asesinada. Tenía más de cincuenta y cinco años,  y durante toda su vida pudo dar clases con normalidad. De hecho uno de sus discípulos, Sinesio de Cirene, acabó siendo obispo cristiano, y que su asesinato se debió, más que a una cuestión de fanatismo religioso, a la lucha de poder en Alejandría entre dos facciones enfrentadas, la del gobernador Orestes y la del obispo Cirilo…

Entiéndanme bien, lo que me fastidia no es que se elija para nombrar una calle a una filósofa, más allá de que se condene al olvido a los maestros absolutos de la filosofía, sino que la elección resulte tan evidente y ramplona. Puestos a elegir una mujer filósofa, podrían haberse mirado una enciclopedia, ¡o la Wikipedia al menos! De esta forma habrían descubierto que a lo largo de la historia han existido muchas otras filósofas más allá de la cinematográfica Hipatia, así a vuela pluma se me ocurren Téano de Crotona, Aspasia, Hildegarda de Bingen, Eloísa, Marguerite Porète, Simone Weill, Edith Stein, Hannah Arendt o la española María Zambrano…

Pero ya se sabe que, en general, lo políticamente correcto no esconde otra cosa que rancia ignorancia disfrazada de falso progresismo…

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