“Una sociedad que no valora el pensamiento profundo está condenada a la banalidad, a lo superficial y al sufrimiento”

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El último libro del filósofo Antonio Fornés (L’Hospitalet, 1968) se titula Viaje a la sabiduría¸ una publicación que recopila sus intervenciones en el programa Viaje al centro de la noche de Radio Nacional de España. La obra incluye unas 80 reflexiones breves, entretenidas y frescas sobre diferentes aspectos de la vida que se leen con gran facilidad y permiten comprender lo que el autor explica en esta entrevista, que la filosofía se encuentra en cualquier rincón de nuestra vida, desde el mismo momento en que estamos dotados de razón. Sólo hay que atreverse a pensar. Nuestra supervivencia y felicidad nos van en ello.  

 

¿Qué significa viajar a la sabiduría y por qué es importante?

El título de libro nace, obviamente, a partir del nombre del programa de radio en el que colaboro. A partir de ahí se establece un juego: ellos me proponen un tema cualquiera, a veces un tanto disparatado incluso, y a partir de ahí hablamos de filosofía, lo que entre otras cosas sirve para demostrar que la filosofía está en todas partes, pues al fin y al cabo se pregunta por la existencia, es decir, por el hecho de vivir, que no es una ciencia antigua y decadente que practican unos señores encerrados en algún oscuro despacho de una facultad olvidada, sino una forma de afrontar las preguntas más radicales e importantes que puede hacerse un ser humano, pues en eso consiste en realidad empezar el viaje a la sabiduría, en empezar a cuestionarlo todo.

¿Qué papel juega o puede jugar la filosofía en ese viaje?

En el viaje de la vida la filosofía ocupa un lugar trascendental, pues, de un lado, nos habla de cómo vivir, y sobre todo de qué posible sentido tiene nuestra vida. Sin la filosofía estamos condenados al vacío existencial y a un pasar por la existencia de forma rutinaria y absurda. El gran Platón ya advertía que aquellos a los que no les preocupaba la filosofía corrían el peligro de pasar la vida durmiendo para llegar al sueño eterno sin despertar…

¿Cómo definiría la filosofía?

Aristóteles afirmó que la filosofía nace ante la admiración por lo que nos rodea y, por supuesto, no me parece mala definición la del maestro. Estamos tan acostumbrados a vivir que por lo general no reparamos en la excelsa maravilla que supone esto. Lo absolutamente extraño que resulta que, en lugar de no existir nada, que sería lo lógico si lo pensamos bien, exista un universo y que nosotros estemos en él. La filosofía fundamentalmente es la reflexión sobre esta cuestión trascendental de la que se derivan todas las demás.  

¿La sociedad actual favorece o impide la reflexión filosófica?

En cierto sentido nunca ha resultado tan difícil filosofar como en la actualidad. Vivimos una época constreñida por el brillo de la técnica, por un cientifismo materialista craso y miope que nos está deshumanizando a pasos agigantados. En la actualidad todo ha de servir para algo concreto, el mercado lo engulle todo, lo que no pueda convertirse en beneficio económico directo carece de sentido. En este ambiente el desprestigio del humanismo es feroz. El problema es que con él se desprestigia lo que realmente nos hace humanos, es decir, seres inquietos y espirituales que se sienten abiertos al infinito. Desgraciadamente el empuje de la técnica y lo económico están convirtiendo poco a poco al hombre en poco más que un engranaje, incapaz de pensar, programado exclusivamente para hacer, para producir y consumir.

¿En qué medida su libro contribuye o puede contribuir a dicha reflexión?

En primer lugar mi libro pretende ser divertido, mostrar que la filosofía es todo lo contrario de una ciencia estólida y aburrida. La obra está formada por pequeñas historias, que intento que funcionen a modo de flashes, para iluminar durante unos instantes una cualquiera de las infinitas cuestiones filosóficas para que a partir de ahí el lector, si lo desea, reflexione sobre ella o saque sus propias conclusiones.

¿Qué recomienda para encontrar espacios de reflexión en el día a día?

El filósofo Pascal afirmaba que el mayor problema del hombre es su incapacidad para estar a solas en una habitación consigo mismo. Esto es, nuestra incapacidad para dejar de hacer cosas, y, por un momento, escucharnos a nosotros mismos y reflexionar sobre nuestra vida y su sentido. Personalmente creo que es algo que deberíamos hacer cada día, pues si no caemos en el peligro de vivir como autómatas. El padre de la filosofía, Sócrates, abundó en esta idea al afirmar que una vida sin autorreflexión no merece la pena ser vivida. No podemos caer en ello, tenemos la obligación de tener una vida lo más densa y profunda posible, pero sin reflexión, sin filosofía personal diaria, esto es imposible.

¿De qué viaje o viajes que recoge la obra se siente más satisfecho?

Al final los capítulos de un libro son como tus hijos, los quieres a todos igual, j¡a,ja,ja,ja! Creo que hay viajes muy diferentes, unos más anecdóticos centrados en curiosidades biográficas de filósofos, otros más abstractos… No sé, creo que el hecho de que estén construidos desde diversas ópticas mejora el resultado general, pues no resulta monótono, de forma que el lector siempre pueda buscar la sorpresa al iniciar un nuevo capítulo.

¿Tiene algún otro libro en mente o en proceso? ¿Qué pretende explicar en él?

El filósofo es un tipo pesado que siempre está intentando pensar las cosas de manera diferente y preguntándose por todo, resulta inevitablemente inquieto, así que, claro que estoy trabajando en un nuevo libro. Si bien el mundo nunca ha estado “parado”, y toda la evolución humana es un proceso dinámico, a lo largo de la historia se dan momentos en que esta situación de cambio, de transición, se agudiza. Personalmente creo que estamos viviendo uno de estos periodos. Así, igual que hace unos dos mil quinientos años el mundo griego abandonó definitivamente la oralidad por la cultura escrita, actualmente, desgraciadamente, estamos abandonando ese mundo para entrar en la época de lo virtual, audiovisual y tecnológico. Sobre esta cuestión estoy escribiendo.

¿Cree que la sociedad debería valorar más la sabiduría filosófica?

La pérdida del prestigio social de las humanidades en general es un signo de nuestra época y de su profunda deshumanización. Una sociedad que no valora el pensamiento profundo está condenada a la banalidad, a lo superficial, y también, cuidado, al sufrimiento. Pues como ya he dicho en esta entrevista, sin reflexión el hombre está vitalmente vacío, confuso, perdido. Dickens definió perfectamente esta época en el inicio de su novela “Historia de dos ciudades” cuando escribió: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”.

¿Qué medidas de reactivación filosófica propondría a la clase política?

A nuestros políticos, que en general y salvo contadas excepciones, resultan bastante ignorantes e incapaces, lo único que les pediría es que ellos mismos empezasen a leer filosofía. Estoy seguro de que algo mejorarían… Pero no les pediría ninguna medida de reactivación filosófica. Hemos de abandonar esa idea de que como ciudadanos somos una especie de niños desamparados que necesitamos de los políticos y sus leyes para todo. Lo que debemos hacer es recordar la famosa frase de Kant y abandonar nuestra autoculpable minoría de edad. Para volver la vista hacia la filosofía, para luchar contra el vacío existencial, sólo necesitamos de nuestra voluntad y de nuestra inteligencia. Pues, como dijo el viejo Tolstoi, “todos quieren cambiar el mundo, pero nadie quiere cambiarse a sí mismo…”.

¿Qué le ha aportado la filosofía a su vida?

Bueno, creo que, en cierta forma, a lo largo de la entrevista he ido contestando a esta cuestión. La filosofía despierta y magnifica en nosotros aquello que nos hace más humanos y que nos dignifica más: la razón. Por ello quizá lo mejor sea que conteste uno de los grandes filósofos de todos los tiempos, Pascal: “El hombre sólo es una caña, lo más frágil de la naturaleza; pero una caña que piensa. No es preciso que el universo entero se arme para destruirlo: un vapor, una gota de agua, bastan para matarlo. Pero aun cuando éste acabara con él, el hombre sería más noble que aquello que lo mata, porque sabe que muere y reconoce la ventaja que el universo tiene sobre él. El universo no sabe nada”.

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