¿Información o lavadero? Periodistas sobreviviendo en un bote salvavidas

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Este artículo quiere comparar la actual «información» con la que se compartía en los lavaderos de antaño.

Lavadero que todavía se conserva en un rincón del entorno de la calle Xipreret de L’Hospitalet / Estrella LH

Pocos recordarán a estas alturas los lavaderos. Como mucho, quizás recordemos a nuestras madres lavando a mano; cuando la lavadora asomaba la cabeza, pero para los más pudientes allá por los años 70.

Fue pionera la empresa española Balay (Esteban Bayona y José María Lairla, fundada en Zaragoza en 1947). Fabricaron transformadores de radio y reactancias para iluminación,  la primera empresa que comercializó lavadoras automáticas en España hacia el año 1966, consolidándose como marca líder en el mercado español, especialmente en la gama de lavado.

El caso es que servidor no vio los lavaderos (safareigos en catalán).  Recuerdo a mi tía abuela cuando en mi infancia la veía venir de trabajar de los lavaderos de Barcelona. Pobre, comentaba lo que allí se cocía y el frío que pasaba.  Ella siempre manifestaba lo mismo: que iba a trabajar, que las demás hablaban y hablaban. Ella iba a lo suyo, a traer su dinero a casa para seguir sobreviviendo.

Sí que viví otros corrillos, que no eran el de lavaderos, pero que se parecían. Me refiero a los de mi generación: las vecinas que hace como tres décadas iban despellejando a unos y a otros. Era el internet de la época,  sobre las 10 de la mañana aparecían las mamás que iban a la compra y ya se creaban los grupitos de guasap «on land«.

La verdad es que era una imagen peculiar.  Se recuerda con cierta añoranza, eso ya es historia y puede que nunca se repita, lo más seguro.

Claro, no había Youtube, ni internet, ni google. Así que los «corrillos» emulaban Twitter y Facebook.

Cierto, las cosas han cambiado mucho, ahora la compra se hace diferente:  online; a última hora del día; a primera de la mañana; o bien vamos el fin de semana robando tiempo a la familia.  Llenamos el carro, el coche o las bolsas y a caminar.

Hoy, y exprimiendo el coco mirando atrás, recuerdo que hace treinta años no había televisión por las mañanas y estas eran de otra manera. No digo ni mejor ni peor, pero sí diferentes. Quizás todo era más hogareño, más fraternal, más lento y con menos tintes de crispación. Se escuchaba la radio, te visitaba un amigo, venía la vecina con un postre recién horneado. En definitiva, la interacción personal era el gran baluarte y no el virtual como ahora.

¿Podríamos decir que sabemos más de lo que pasa en el mundo que de lo que ocurre a nuestro vecino?

Seguramente que la respuesta es sí y da que pensar, reflexionar y en la medida de lo posible invitar a crear pequeños cambios.

En aquellos años, la televisión matutina era casi inexistente, aunque aún recuerdo la carta de ajuste:  una carátula de TVE en la que figuraba la hora, los minutos y los segundos. Esa era la mayor de las virtualidades que teníamos, nos servía para poner en hora los relojes y escuchar RNE.

Como  primicia mediática,  apareció ‘Buenos días’, el primer programa de TVE de programación matinal, 13 de enero de 1986.  Lo dirigió José Antonio Martínez Soler junto a Leonor García Álvarez.

Seguidamente, en abril del año 1987 hasta julio de 1989, Jesús Hermida abría las mañanas de una manera más desenfadada con un programa magazine de televisión emitido por La 1 de Televisión Española, duró hasta 1.989. Fresco, dinámico, tratado con rigor y  contraste; sin tendenciosidad y con profesionalidad.

La verdad es que, por desgracia, son muchas las veces que pienso en el rigor con el que se llevan a cabo algunas informaciones, reportajes, etcétera. Sin ir más lejos, Cristina Pardo la lió ”parda” hace unos días en su programa televisivo queriendo invadir la intimidad de unos votantes. Fue en tras las pasadas elecciones andaluzas cuando irrumpió en un pueblo andaluz queriendo encontrar a unos votantes de un grupo político.

¿Dónde vamos a llegar? ¿Dónde está el protocolo de las buenas formas y el respeto a la intimidad, honor y propia imagen? ¿Se han mirado el Código Deontológico de Periodismo? Aunque ya no es eso, quizás, el sentido común, ya te dice muchas veces dónde están los límites. Es bonito tener audiencia, pero no a cualquier precio. Cierto que luego pidió disculpas, pero ¿nadie de su equipo se dio cuenta de que no procedía esa actuación? No sé qué pensar…

En general, la gran mayoría del público cree a pies juntillas lo que sale en la prensa, radio y televisión., En la actualidad virtual, casi cualquiera puede ser un “medio de comunicación”. Traducido a la realidad esto no es así, y se puede decir con rotundidad. De ahí la emergencia de  las famosas Fake News que están a la orden del día, esas noticias que corren como la mecha y que hemos de ser muy cuidadosos antes de masticarlas.

Es sencillo, las noticias han de tener detrás un aval fidedigno; no alardear de verter noticias novedosas en las que su sostén o cimiento es humo. Una de las cosas que podréis descubrir a priori es si quien dice una “noticia” a su vez cita de donde viene. En la mayoría de los casos y últimamente para crear más morbo, más expectativa y en  definitiva, captar más audiencia, parece valer todo. En muchos casos esas “noticias” carecen de ese aval al que hacía referencia, y más allá de una noticia es un chisme.

Perseguimos el señuelo de la “noticia” sin saber de dónde viene, pero si nos gusta lo que leemos, nos lo creemos y hasta quedamos satisfechos. Sabiendo, a lo mejor, que es mentira, pero como a séquito,  ya nos han dado nuestra porción diaria de falsa verdad.

El periodista y poeta  Lorenzo Gomis (Barcelona, 1924-  Barcelona 2005), ya en su momento, presentó su libro «El Medio media» 1974. En él se refleja cómo el Medio puede manipular y a su vez ser manipulado. Para dar sentido a esta teoría, imaginemos un pulpo y sus tentáculos. El primero sería el Medio, los tentáculos son los aparatos que domina el poder que sustenta a los mismos.

De esta manera les pregunto, ¿a qué Medio creer? ¿al que dice la verdad, o al que dice aquella verdad que usted  quiere leer, ver o escuchar? Aquella verdad que, aunque sea mentira, crea endorfinas en su cerebro y le animan en su día a día a tirar hacia delante. Seguramente a usted ya le vale, y con eso ya es suficiente.  En el fondo, sabe que no es así; como yonkis de la información le alimentan el ego continuo de aquellos que le proporcionan la verdad que usted quiere sentir y dista de la fiel realidad.

Vuelvo a recordar a mi abuela cuando venía del lavadero. Era una mujer sencilla, sin estudios, pero con un bagaje que la formación y el dinero jamás conquistaría. Era el sentido común de la transigencia, la empatía, la bondad. Eso que ahora casi no destila.

Me quedo con la entidad del lavadero y con la esencia de una comunicación tan limpia como aquella perfumada y nevada ropa que traía la abuela. Una forma de comunicación o periodismo que muchas veces puede no gustar, otras hacer pensar, reflexionar… pero que en ningún caso sea un tentáculo comprado por la política disfrazado de medio. Un medio interviene entre dos partes, en este caso debería de ser entre el ciudadano y los representantes políticos que elige el municipio y que pagamos entre todos.

Como dice una máxima del Budismo Tibetano, “nada es para siempre”, en alusión a la impermanencia con tal de tener un poco de esperanza en que esto cambie.

Muchos seguimos en un bote salvavidas, pero tratamos de escarbar en pro de reflejar una realidad social lo más prolija posible. Y en ello, cueste lo que cueste, no sucumbiremos a ser manejados. Aunque acabemos dignamente en el lavadero, expondremos la realidad de lo que ocurre, como aquella ropa bien perfumada de mi abuela que daba gozo al verla  tendida al sol.

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