Carlos González: “La medicina alternativa no existe”

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Entrevista a Carlos González, realitzada per Pau Taxonera, soci de l’associació Foment de la Informació Crítica i col·laborador de l’Estrella de L’Hospitalet.

 

¿Desde cuándo eres vecino de l’Hospitalet y cómo es que te estableciste aquí?  Según tengo entendido naciste en Zaragoza.

En efecto, nací en Zaragoza y nos mudamos a Barcelona cuando tenía cinco años. Cuando nos casamos, vinimos a Hospitalet porque mi esposa era de aquí, y los pisos un poco más baratos que en Barcelona.

Buscando por internet he contado hasta 8 libros escritos por ti. Sin embargo, en un comentario he leído que son diez. ¿Nos puedes hablar sobre ellos?

Son ocho. Los otros son libros en los que solo he escrito algún capítulo. Mi primer libro fue Mi niño no me come. Lo escribí porque veía a muchas familias desquiciadas (y a muchos niños sufriendo),  porque creían,  erróneamente, que el niño no había comido lo suficiente… cuando el “desnutrido” en cuestión estaba ante mis ojos, sonriendo, saltando, corriendo, y a veces con un claro sobrepeso.

Luego escribí Bésame mucho, para intentar explicar a los padres que sí, que pueden coger en brazos a sus hijos y consolarlos cuando lloran, y que no por ello se convertirán en tiranos, asesinos en serie ni nada parecido. 

Generalmente el científico y el educador carecen de capacidad divulgativa, lo que limita muchísimo los beneficios que pueden aportar a la sociedad. Debo reconocer que no es tu caso. Tú has conseguido aunar las dos facetas con extrema facilidad.

Gracias. En realidad, de niño hubo un tiempo en que quise ser escritor. Era lo que me gustaba, escribir. Luego me incliné por la medicina porque me parecía más importante, más trascendente, salvar vidas y eso; y porque parecía que al acabar el Bachillerato había que estudiar una carrera, y “escritor” no es una carrera, o al menos no lo era entonces (ahora han salido tantas carreras distintas que igual ya existe). Y, ya ves, al final he acabado siendo médico y escritor, y ha ido bien, porque sin mis estudios de medicina no habría podido escribir sobre los mismos temas, o no con la misma profundidad.

Como pediatra también te has comprometido muchísimo en la defensa de las vacunas. Por desgracia, parece que estemos viviendo tiempos oscuros, o quizá su preámbulo. La revolución de los sistemas de comunicación ha dado voz no solo a la ciencia sino también a los que defienden un retroceso y a los sempiternos charlatanes, que sin ningún conocimiento pero con mucha labia, arrastran a miles de personas. ¿Cómo podemos enfrentarnos a ellos?

Sí, es un serio problema. Siempre se han publicado libros absurdos y llenos de mentiras, pero al menos había un cierto filtro. Publicar un libro cuesta dinero, y los editores intentaban no publicar ridiculeces. De hecho, algunos conocidos libros antivacunas están autoeditados por el mismo autor, lo que suele ser la señal de que ninguna editorial seria lo aceptó. Pero en internet, el filtro desaparece: cualquiera puede colgar lo que quiera sin gastar un euro (y si se gasta unos pocos euros ya le puede dar hasta un aspecto profesional).

Quien no es capaz de entrar en internet con criterio y sentido crítico, quien no es capaz de comprender que la información firmada por una universidad, un hospital, un ministerio de sanidad o una gran organización como la Cruz Roja, tiene más credibilidad que lo que cuelga cualquier iluminado, está tan perdido como quien ve la tele sin comprender la diferencia entre el telediario, el programa de cotilleo, las series y los anuncios.

En tus conferencias no solo hablas de la lactancia y de la crianza con apego, también de la alimentación y de la educación.

Sí. De la alimentación me preocupa sobre todo el sufrimiento de los niños a los que obligan a comer. Pero también lo mal que comen niños y adultos, cada vez peor; la gravísima epidemia de obesidad infantil causada por una oleada de dulces, golosinas, refrescos, galletas, aperitivos salados y comida basura en general.

Últimamente se ha creado mucha polémica a costa de las medicinas alternativas. Son muchos los que las defienden, pero cierto es que se han dado casos de muerte, y no son pocos los padres que han perdido la custodia de sus hijos. ¿Qué opinas al respecto?

Siento tener que decirlo, pero la medicina alternativa no existe. Sólo existe la medicina, que engloba todo lo que funciona. Usamos muchos métodos de diagnóstico diferentes: la entrevista, la palpación, la auscultación, el electrocardiograma, la radiografía, el análisis químico… La radiología no es una “medicina alternativa”, sino una rama de la medicina. Si la iridología funcionase, también sería medicina; como no funciona, se llama a sí misma “alternativa”. Lo mismo con los tratamientos: la medicina puede usar pastillas o inyecciones, puede usar cirugía, masajes, dieta… y con gran frecuencia simplemente recomienda no hacer nada y esperar, porque muchas enfermedades se curan solas. La fisioterapia no es una medicina alternativa, es una rama de la medicina. Si alguien pudiera demostrar que la homeopatía o las flores de Bach sirven para algo, dejarían de ser “alternativas”.

Una última pregunta, Carlos. ¿Qué puede hacer un gobierno municipal para ayudar a divulgar las buenas prácticas sobre alimentación, vacunación, lactancia e incluso educación?

En realidad, existe un programa de UNICEF llamado “Ciudades amigas de los niños”, varios municipios españoles están trabajando en ello.

Más información: https://www.unicef.org/spanish/publications/index_4423.html

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