Dos grafitis y un paso de cebra

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Grafitis situados a izquierda y derecha de la avenida Josep Tarradellas / Eva Jiménez Gómez

Dos grafitis en dos muros separados por un paso de cebra desdibujado. Dos visiones del mundo que no consiguen entrar en contacto. Dos generaciones que no acaban de darse la mano.

Se encuentran en la avenida Josep Tarradellas: uno en la pared de la Escola Josep Janés y el otro en uno de los muros que rodean la que era, y de la que va quedando cada vez menos, antigua fábrica del Cosme Toda.

En el muro de la escuela, un grafiti de la Marea Pensionista de L’Hospitalet y la Coordinadora Estatal por la defensa del sistema público de pensiones. Incluye tres mensajes: “No a la privatización de los servicios públicos”, “Educación, Sanidad, Pensiones” y “Gobierne quien gobierne, los derechos se defienden”.

Enfrente, un gran grafiti inunda la pared del Cosme Toda con una única palabra: “Bored” (aburrido, apático, en inglés).

Y entre ambas, un paso de cebra desdibujado que impide cruzar la zona infantil con garantías de seguridad.

No puedo evitar pensarlo. Veo dos generaciones sin ninguna vía de contacto.

La de nuestros mayores, que han luchado y todavía siguen luchando. Los derechos se defienden. Los derechos hay que ganárselos.

La de nuestros jóvenes, que han crecido con todas las comodidades, y ante las dificultades sólo saben bloquear el whatsapp y mirar para otro lado. Estoy aburrido. Quiero todos los derechos, pero no me aburras con deberes.

Y el paso de cebra, desdibujado, desaparecido, a punto de ser borrado por las inclemencias del tiempo, como esa generación intermedia -¿adulta?- a la que las circunstancias parecen haber devorado. Ya tengo bastante con el trabajo, que los abuelos y las abuelas cuiden de los niños mientras yo descanso. Estoy agotada, estoy agotado.

Y el Ayuntamiento, sin poder -¿o querer?- pintar el paso de cebra. Y el sistema, sin poder o querer afrontar la situación: una generación luchadora y solidaria en especie de extinción; una nueva generación más manipulable y necesitada de estímulos, influencers y selfies; y una generación intermedia, explotada laboralmente y sin capacidad para vivir y transmitir los valores con los que creció.

¿Y dónde me encuentro yo?, siento que me preguntan esas pintadas que alguien dibujó para nuestra contemplación y acción.

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