Una vida de perros en L’Hospitalet

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Antonio Fornés Murciano és filòsof i escriptor. Ha escrit Las preguntas son respuestas, Recorriendo el Kurdistán, Reiníciate i Creo aunque sea absurdo o, quizá por eso. Acaba de publicar Viaje a la sabiduría

Hace ya tantos años que vine a este mundo en L’Hospitalet que prefiero no escribir el número concreto. He contemplado esta ciudad con ojos de niño, de adolescente, de joven, de hombre de mediana edad, y ahora la observo con la mirada desencantada de alguien que se prepara para entrar en la vejez. Cuando nací, la ciudad estaba gobernada por un alcalde franquista. Viví, sin entenderlo demasiado a causa de mi corta edad, el cambio hacia unos ayuntamientos democráticos, y he visto pasar por la casa consistorial de esta bendita ciudad a los diferentes alcaldes “progresistas” que el Partido Socialista y el azar aritmético en forma de elecciones ha tenido a bien colocarnos.

Sin embargo, pese al paso del tiempo y el cambio inevitable de perspectiva que a uno le dan los años, mi querido L’Hospitalet sigue manteniendo las mismas constantes que lo han identificado, desgraciadamente, desde que soy capaz de recordar. Igual que siempre, L’Hospitalet sigue siendo, hoy como ayer, una ciudad con una densidad de población más propia de un arrabal de Calcuta que de una ciudad del occidente europeo. De hecho, con sus más de 50.000 habitantes –ahí es nada- por kilómetro cuadrado, es la población con mayor densidad de la Unión Europea. Las escasísimas zonas verdes existentes presentan un aspecto raquítico, el tráfico es insoportable, conseguir aparcar en muchas de sus calles es prácticamente un milagro, y hace apenas una semana, una vez más, la policía detenía en uno de nuestros barrios a una banda que traficaba con droga. Como les digo, nada nuevo bajo el sol empañado por la contaminación de L’Hospitalet.

Pero no se preocupen queridos convecinos, porque todo esto para nuestros políticos locales son “problemillas menores”, ellos están preocupados por cuestiones de mayor calado, por supuesto, así que el Pleno del Ayuntamiento aprobó hace unos días una nueva Ordenanza de protección, control y tenencia de animales. Al parecer con esta nueva ordenanza se multará a quienes encierren a su perro en el balcón, y a los dueños de los canes que orinen en la acera se les obligará a limpiar la misma con agua. Junto a estas dos normas, al parecer la Ordenanza incluirá otra serie de mandatos para asegurar el bienestar de nuestras mascotas. ¡Claro que sí! Ya que nuestros concejales no hacen nada significativo por mejorar nuestras vidas, al menos parece que se preocupan por mejorar la de nuestros animales. Y es que debe resultar muy duro ser un perro en L’Hospitalet, una ciudad prácticamente sin árboles, sin césped, sin tranquilidad, en la que reina el ruido a todas horas y en la que los pobres chuchos no pueden ni dar dos pasos sin chocar con alguien…

Eso sí, me pregunto si no debería multarse también a una clase política municipal que no ha hecho absolutamente nada durante decenios por bajar el porcentaje de suelo edificado de nuestra ciudad, que permite que nuestras calles luzcan perfectamente sucias, o que los ciudadanos tengamos que caminar junto a casas semiderruidas, como en el tramo final del Torrente Gornal frente a las piscinas municipales… A nuestros políticos les preocupa que encerremos a nuestros perros, pero les da igual que nosotros vivamos encerrados en esta urbe absolutamente inhumana, nuestros mandatarios quieren hacernos limpiar lo que nuestros compañeros de cuatro patas ensucien, lo que me parece muy bien, pero ellos, ¿se autocastigarán por el estado penoso de nuestras calles? En el Pleno que aprobó esta ordenanza nuestros insignes amos mostraron una gran preocupación por el bienestar animal, ¡qué pena que no parezcan tener la misma preocupación por el bienestar de sus ciudadanos!

En L’Hospitalet, personas y mascotas compartimos la misma vida de perros, y a nadie parece importarle de verdad… Pero no desesperen, y hagan como yo, recuperen uno de los grandes clásicos del cine mudo y de Charles Chaplin, “Vida de perro,” y al menos se reirán un buen rato.

 

 

1 Comentario

  1. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. El bienestar animal es tan importante en una ciudad como el bienestar de los vecinos. Me preocupa más que haya partidos que dedican el pleno a debatir sobre el derecho de autodeterminación de los pueblos o sobre el reconocimiento a las víctimas de ETA.

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