L’Hospitalet 2019: que gane el consenso

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Juan Carlos Valero és periodista i professor de Periodisme. Fundador de BCN Content Factory i editor executiu de El LLobregat

Falta poco más de medio año para las elecciones municipales y las perspectivas de fragmentación del voto crecerán con la agitación independentista a consecuencia del juicio a los responsables del 1 de octubre. Ese escenario polarizará en dos bloques el debate, alejándolo de la confrontación de los proyectos municipales y dificultando el consenso y el acuerdo en L’Hospitalet. El papel de “cascos azules” de los socialistas en la “guerra” nacional entre Ciudadanos-PP-Vox contra ERC, CUP y los herederos de Convergència con el nombre que sea, no creo que beneficie al PSC en la segunda ciudad de Cataluña.

Pero pactar entre los que piensan diferente y la recuperación del consenso resultará absolutamente imprescindible para revitalizar el espíritu de la necesaria colaboración público-privada. Entre los asuntos que deberían suscitar un gran pacto entre todas las fuerzas políticas en L’Hospitalet destaco: el envejecimiento de la población, el paro juvenil asociado a la formación de los nuevos empleos de la industria 4.0, el crecimiento empresarial, la gestión del turismo, la dificultad de acceso a la vivienda, la investigación, la cultura y las competencias metropolitanas.

Ciudad en construcción

L’Hospitalet es un claro ejemplo de la aceleración del urbanismo en el mundo: ya no hay solares libres porque todos están en construcción e, incluso, se derriban antiguos edificios para levantar nuevos y más altos. Una forma de analizar una ciudad es verla como la suma de lo que viene dado por el legado de la historia y lo que se construye y transforma de forma colectiva a través de un proyecto.

El legado agrícola de L’Hospitalet ha desaparecido. Primero, por la expropiación forzosa del territorio de la marina, que llegaba hasta el mar y que ahora es el polígono de la Zona Franca de Barcelona. El legado industrial permanece en decadencia en la carretera del Mig, mientras grandes factorías en el pasado, como Godó i Trias, acogerán próximamente la medicina china, mucho después de que Tecla Sala se transformara en un equipamiento metropolitano y que Cosmetoda acabe con más bloques de viviendas.

Producto liberal

La transformación urbanística ha venido de la mano del ayuntamiento de izquierda que ha pilotado los últimos 40 años de democracia local, lo que constituye toda una paradoja, puesto que el resultado de la ciudad como activo económico es más propio de ideologías liberales que socialistas. Pero la visión de futuro a medio y largo plazo solo la veo basada en la cultura y en la práctica del pacto entre los diferentes agentes sociales e institucionales, con un liderazgo público que ya no estará monopolizado por unas siglas, dada la atomización de la vida política, por lo que necesariamente tendrá que ser un futuro concertado con la sociedad.

El espíritu de pacto, colaboración, consenso y coparticipación que presidió todo lo referente al gran proyecto colectivo que supuso los Juegos Olímpicos de 1992 para el área metropolitana de Barcelona, hizo posible aquel éxito histórico. Un triunfo que fue tan importante no solo por lo que se hizo sino por cómo se hizo. Además de la transformación urbana, trascendió el mundialmente conocido como “modelo Barcelona” de colaboración público-privada que supone el liderazgo compartido.

En la estela de 1992

L’Hospitalet se ha beneficiado y sigue beneficiándose en la estela de aquel éxito de 1992, con un pujante sector hotelero que acoge parte de los millones de extranjeros que nos visitan para hacer turismo o de negocios, dado que también somos el territorio de globales citas económicas en todos los ámbitos, gracias al recinto ferial de Gran Vía. Para afrontar los retos de futuro y abordar un proyecto que haga nuevamente realidad los sueños y los anhelos de las actuales generaciones, es necesario forjar de nuevo un gran pacto como base de un nuevo proyecto de y por L’Hospitalet que encaje en el proyecto global de la Gran Barcelona.

Una ciudad donde más de la mitad de sus habitantes no son catalanes y un tercio nació fuera de España sugiere una sociedad llena de oportunidades. La diversidad de orígenes enriquece culturalmente el entorno y estimula un mayor dinamismo, pero al mismo tiempo introduce tensiones que necesitan atención. La contención de conflictos con los nouvinguts da la medida del carácter inclusivo de la sociedad hospitalense, y del carácter acogedor y de convivencia cívica que caracteriza la ciudad. Pero al mismo tiempo, pone de manifiesto la necesidad de seguir trabajando en políticas sociales que ayuden a mantener y mejorar la cohesión social entre todos los ciudadanos.

Incivismo, limpieza y vejez

No hay que olvidar que la inmigración, con el 20,2%, y la inseguridad ciudadana, con el 20%, ocupan el segundo y tercer lugar de lo más negativo señalado en el último barómetro ciudadano, en el que un 14,1% de los entrevistados considera que el principal problema de L’Hospitalet es el incivismo y la limpieza ocupa el primer puesto con una de cada cuatro respuestas.

La elevada tasa de esperanza de vida en L’Hospitalet, superior a los 80 años en los hombres y a los 86 en las mujeres, es sin duda un éxito social que al tiempo plantea un nuevo reto: la adaptación de la ciudad como un espacio para un envejecimiento digno y activo, y poder adoptar políticas adecuadas para el tratamiento de la dependencia. El fenómeno del envejecimiento de la población es generalizado en todos los barrios, y los ciudadanos de más de 65 años superan a los niños. Por lo tanto, es necesario desarrollar medidas que contribuyan al envejecimiento activo de los hospitalenses, es decir, acompañar a la gente en su proceso vital, teniendo en cuenta diversos aspectos, como la salud, los vínculos de relación, el grado de educación o la experiencia. Que el Estado del Bienestar no quede desdibujado en L’Hospitalet va a ser el reto para quienes nos gobiernen.

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