La primera pregunta

0
379

Antonio Fornés Murciano és filòsof i escriptor. Ha escrit Las preguntas son respuestas, Recorriendo el Kurdistán, Reiníciate i Creo aunque sea absurdo o, quizá por eso.

Leo en la revista El Llobregat que el Hospital Sant Joan de Déu de Esplugues atiende cada año a una media de doscientos cincuenta jóvenes que presentan un alto riesgo de suicido, y que quienes han tratado de suicidarse una vez corren más peligro que el resto de la población de volver a intentarlo. Dado lo aparentemente alarmante de la cifra, el Servicio de Salud Mental del Hospital Sant Joan de Déu está llevando a cabo un estudio que pretende elucidar causas y establecer medidas de prevención.

A primera vista podría dar la impresión que sobre esta noticia, más allá de lamentar el sufrimiento de estas personas, poco más podría decirse. Sin embargo no es así, el asunto del suicidio es una cuestión que va más allá de lo puramente sanitario y conlleva, desde luego, muchas cuestiones de profunda índole filosófica. De hecho, mientras leía la noticia no podía dejar de pensar en el maestro de maestros, Albert Camus y el celebérrimo inicio de su obra maestra El mito de Sísifo, que dice así:

“No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no la pena de ser vivida equivale a responder a la cuestión fundamental de la filosofía. El resto, si el mundo tiene tres dimensiones, si las categorías del espíritu son nueve o doce, viene después. Se trata de juegos; primero hay que responder.”

Como seres humanos que somos, hemos sido “arrojados” a la existencia, es decir, no a ser blancos o negros, altos o bajos, hombres o mujeres, pues esto son meros accidentes superficiales, sino lo que es mucho más importante: simplemente a ser, a existir.  De repente un día despertamos a la vida y desde el principio nos disponemos a vivirla sin haber meditado ni un momento al respecto de lo que es y significa vivir, es decir la malgastamos corriendo tras esa futilidad absurda que occidente ha dado en llamar felicidad y que no es sino una especie de zanahoria inalcanzable.

La pregunta del suicida al respecto de si tiene algún sentido vivir es desde luego una pregunta muy seria y, desde mi punto de vista, en absoluto patológica. Cuestión distinta es que el modo de vida del Occidente contemporáneo intente aparcar esta cuestión como si se tratase de algo desagradable y molesto, de la misma forma que se esfuerza en ocultar la única certeza de que disponemos: nuestra propia muerte. Preferimos no meditar sobre estas cuestiones y pretendemos simplificar nuestra vida convenciéndonos,  absurdamente, de que la felicidad es un sinónimo de bienestar material, y que a base de hacer y no pensar conseguiremos llegar algún día a un estado de perfecta y beatífica felicidad. Sin embargo, la realidad es muy otra, hace miles de años ya lo explicó Heráclito:

“Si la felicidad consistiera en los placeres del cuerpo, tendríamos que llamar felices a los bueyes, cuando tienen para comer”

Así de simple y así de claro. No podemos dejarnos arrastrar por la baraúnda del quehacer diario, eso sólo nos proporciona vacío y desasosiego. Necesitamos pensar en nosotros, en nuestra existencia, aspirar a algo más que ir pasando, e intentar desarrollar plenamente aquello que somos, nuestra esencia personal. Solo así podremos contestar al que para Camus es el primer problema filosófico, la primera pregunta: el suicidio.

Tan importante es esta cuestión que el solo hecho de pensar sobre nuestra vida está ya dotándola de un cierto sentido, de alguna manera la eleva, proporcionándole un grosor y una densidad mínima, pues en ese momento dejamos de comportarnos como máquinas para hacerlo como auténticos seres humanos.

La vida es el único absoluto que poseemos, ganémonos el derecho a disfrutarla, algo que tiene muy poco que ver con el hacer económico-tecnológico y mucho con el pensar filosófico. Por ello, si dedicamos menos tiempo a buscar bienes físicos y materiales y más a la filosofía, probablemente podremos contestar con optimismo vital al desafío de Camus y afirmar como él acaba haciendo en su genial libro que sí, que la vida realmente merece ser vivida.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here